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lunes, 26 de septiembre de 2016

LA CARNE de Rosa Montero.

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Editorial: Alfaguara.
Fecha publicación: septiembre, 2016
Precio: 18,90 €
Género: Narrativa.
Nª Páginas: 240
Edición: Tapa blanda con solapas.
ISBN: 9788420426198
[Disponible en eBook]

Autora

Rosa Montero nació y estudió Periodismo y Psicología. Ha publicado las novelas Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), Bella y Oscura (1993), La hija del caníbal (1997, Premio Primavera de Novela), El corazón del Tártaro (2001), La loca de la casa (Alfaguara, 2003; Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año, Premio Grinzane Cavour 2005 y Premio Roman Primeur 2006, Francia), Historia del Rey Transparente (Alfaguara, 2005; Premio Qué Leer 2005 al mejor libro del año, y Premio Mandarache 2007), Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara, 2008; Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac, Francia, 2011), Lágrimas en la lluvia (2011), Lágrimas en la lluvia. Cómic (2011; Premio al Mejor Cómic 2011 por votación popular en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona), La ridícula idea de no volver a verte (2013; Premio de la Crítica de Madrid 2014), El peso del corazón (2015); el libro de relatos Amantes y enemigos (Alfaguara, 1998; Premio Círculo de Críticos de Chile 1999), y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres y Pasiones, así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos. Desde finales de 1976 trabaja de manera exclusiva para el diario El País, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical durante 1980-1981. En 1978 ganó el Premio Mundo de Entrevistas, en 1980 el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios y en 2005 el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid a toda una vida profesional. Su obra está traducida a más de veinte idiomas.

Sinopsis



«Al final todo acaba por desembocar en el amor. Y en el daño».



Una noche de ópera, Soledad contrata a un gigoló para que la acompañe a la función y así poder dar celos a un examante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación inquietante, volcánica y tal vez peligrosa. Ella tiene sesenta años; el gigoló, treinta y dos.


Desde el humor, pero también desde la rabia y la desesperación de quien se rebela contra los estragos del tiempo, el relato de la vida de Soledad se entreteje con las historias de los escritores malditos de la exposición que está organizando para la Biblioteca Nacional.

La carne es una novela audaz y sorprendente, la más libre y personal de las que ha escrito Rosa Montero. Una intriga emocional que nos habla del paso del tiempo, del miedo a la muerte, del fracaso pero también de la esperanza, de la necesidad de amar y de la gloriosa tiranía del sexo, de la vida entendida como un lance fugaz en el que devorar o ser devorado.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Así suena La carne:


[Lectura de las páginas 12 y 13 de La Carne - capítulo 1
Música: Wagner - Isolde Liebestod]

El amor siempre ha tenido una cara y una cruz. De la inmensa felicidad a la desdicha más absoluta se puede pasar en cuestión de segundos. Basta un mal gesto, una mirada fría, una palabra agria o que la mujer de tu amante se haya quedado embarazada. Soledad, la protagonista de La carne, la nueva novela de Rosa Montero, conoce bien cómo se las gasta el ángel del amor. Sin adentrarme mucho más en el argumento pues creo que la sinopsis ofrecida por la editorial es bastante acertada, os comentaré que Soledad, herida en su amor propio y despechada por el abandono de Mario, emprenderá un camino junto a Adam, el joven escort que contrata puntualmente pero que terminará por convertirse en compañero de viaje, un camino que la conducirá casi hasta los límites de una novela policíaca, con persecuciones, asesinatos, ajuste de cuentas y huidas. Pero no quiero conducirte a equívoco, La carne tiene más de nosotros mismos, de nuestros miedos e inseguridades que de policías y asesinos.

Si la sinopsis recalca la edad de los dos protagonistas, Soledad y Adam, no es por facilitarnos una información banal. Realmente la cuestión temporal será un peso pesado en la novela y es que La carne aborda asuntos tan espinosos como el paso del tiempo y sus consecuencias. A medida que pasan los años, las oportunidades comienzan a reducirse, las mejores quedaron atrás y el horizonte se aproxima a mayor velocidad. A eso hay que sumarle que nuestro cuerpo se deteriora, entramos en un estado de decrepitud cuando la tersura y la firmeza deciden abandonarnos y la carne, la nuestra propia, esa que da título a la novela, termina por traicionarnos.


«Carne traidora, enemiga íntima que te hacía prisionera de su derrota. [...] La carne tirana esclavizaba a todos». [pag. 26]



Pero, a pesar de esos temas que nos preocupan absolutamente a todos, la novela no pierde de vista el sentido del humor. Hay pasajes narrados de tal forma que el lector sentirá cómo la línea de sus labios se curva hacia arriba. A mí me ha hecho especial gracia ver a Soledad obsesionada, y desesperada por encontrar y proyectar una imagen de sí misma que quite el aliento. Soledad es muy humana, es muy mujer, y no hay nada que se le pueda achacar porque en esta historia nadie está libre de pecado, ni ella ni nosotros. 

Pero el argumento de La carne no solo se va limitar a narrarnos esa lucha de su protagonista contra el paso del tiempo sino que Rosa Montero nos regala todo un rosario de anécdotas y curiosidades que giran alrededor de diversos autores como Phillip K. Dick o Mark Twain. Serán historias curiosas, hechos insólitos en la vida de escritores de todos los tiempos. Para Soledad serán autores malditos, en cuyas vidas ella misma encontrará un reflejo y que supondrán el objeto de la exposición que ella, como comisaria, está organizando en la Biblioteca Nacional. Sin duda, estos pasajes en los que podemos aprender más sobre la vida de ciertos autores suponen un aliciente más en la lectura porque, ¿no os gustaría saber quién se suicidó por amor a Juan Ramón Jiménez? ¿O por qué María Legárraga, una mujer culta, se anuló así misma, obstaculizando un futuro brillante? Este componente metaliterario es especialmente potente en la novela y prácticamente se articula como una guía para futuras lecturas. 

Y centrándonos más profundamente en los personajes, os diré que Soledad se va a hacer querer a lo largo de las casi doscientas cincuenta páginas que tiene la novela. En realidad es muy fácil entenderla y por tanto ponernos en su piel. A pesar de tener una situación económica solvente, ser una mujer elegante, tener un buen trabajo -en esta parcela también la veremos luchar- y un físico aún envidiable, lo cierto es que le puede la inseguridad. No va muy descaminada cuando piensa que todo eso puede desaparecer de un día para otro y que, al final del trayecto, es muy posible que solo encuentre soledad. ¡Qué paradoja! Nunca un nombre cobró tanto significado como en este caso pero es que, encima la pobre se apellida Alegría, así que ahí tenemos una ironía con salto mortal y triple tirabuzón.

Por expreso deseo de la autora que, en los agradecimientos finales, pide al lector que no desvelemos mucho sobre el pasado de Soledad, por aquello de no destripar el argumento, cercenaré cierta información pero solo os diré que, Soledad, como todos, tiene fantasmas del pasado que la acompañarán a lo largo de su vida.

Adam es el escort contratado por Soledad. En realidad, uno y otra no son más que distintas caras de una misma moneda pues ambos han vivido situaciones similares, buscan lo mismos y poseen los mismos temores como el rechazo. 


viernes, 23 de septiembre de 2016

VENGO SIN CITA. HISTORIAS INCONFESABLES DE UN MÉDICO DE FAMILIA de Fernando Fabiani.

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Editorial: Aguilar.
Fecha publicación: septiembre, 2016
Precio: 14,90 €
Género: Humor.
Nª Páginas: 192
Edición: Flexibook.
ISBN: 97884103515550
[Disponible en eBook]

Autores

Fernando Fabiani (@FernandoFabiani). Sevilla 1975. Es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Trabajó en urgencias hospitalarias y, desde hace 10 años en un centro de salud. Subido a las tablas de los escenarios desde hace 25 años, a partir de 2003 se hace cargo de la dirección artística de la compañía Síndrome Clown. Experto en coaching. Apasionado de la docencia y la comunicación, imparte cursos de cómo hacer presentaciones creativas y participa en diferentes congresos y eventos, como #EBE15. Amante del chocolate negro. Y de la vida. ¿Cambiamos el mundo?

Laura Santolaya del Burgo (www.p8ladas.com, @p8ladas) Pamplona, 1982. Es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Navarra. Ha desarrollado su formación en el mundo de la comunicación, el marketing y la publicidad. En 2008 comenzó su blog Prohibido escuchar canciones ñoñas en el que dio vida a P8ladas (Pocholadas). En 2013 fue seleccionada por el diario El País en su sección «Se busca talento» y en marzo de 2014 publicó su primer libro, Los lunes me odian. Crónicas de la adolestreinta es su libro (Aguilar, 2016). Su sueño es trabajar en pijama y que sus dibujos sean tan conocidos como los sanfermines.

Sinopsis

¿Imaginas lo que es ejercer la medicina hoy en día a la sombra de Google, sin el caché de House, el látigo de Grey ni el glamour de Clooney?

Teodoro Jarcia, Teo para los amigos, es médico de familia. Acaba de cumplir cuarenta y se siente en el ecuador de su vida. Si echa la vista atrás no solo es consciente del paso del tiempo, también de lo que la medicina ha influido en su manera de vivir. Para el doctor Teo, una persona normal tirando a hippie, no es fácil ser médico en la actualidad, pero lo sobrelleva como puede. Y es que la profesión ha cambiado mucho. Antes el médico era una persona respetable junto al alcalde y el cura. Ahora el alcalde es corrupto, el cura no tiene fieles y el médico se llama #Google.

Fernando Fabiani, @FernandoFabiani, médico de profesión, construye un relato sobre divertidas y sorprendentes anécdotas del mundo de la medicina, desde la carrera hasta la consulta diaria, partiendo de experiencias propias y de colegas del gremio. Ilustrado por Laura Santolaya, @P8ladas, y con sección invitada de @dijoelpaciente, Vengo sin cita es un libro que, sin perder en ningún momento el sentido del humor, aprovecha para abordar temas sanitarios de modo sencillo y que te arrancarán una sonrisa.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar] 

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El martes pasado os relataba mi encuentro con Fernando Fabiani, autor del libro Vengo sin cita. Historias inconfesables de un médico de familia. En aquella entrevista el autor nos explicó los motivos que lo habían impulsado a escribir este libro, cuáles eran sus intenciones y qué mensaje pretendía transmitir a los lectores. De igual modo, hicimos un repaso al sector sanitario, hablamos del sistema o de la homeopatía que tan de moda está. Pues bien, hoy vengo a comentaros cuáles han sido mis impresiones tras la lectura de este simpático libro que me ha hecho pasar un rato muy divertido. Y digo rato porque, al tratarse de un libro de humor, los lectores tendemos a consumirlo de manera compulsiva, de tal manera que, entre el principio y el final de la lectura, apenas transcurren unas horas. 

Vengo sin cita surte efecto desde el primer instante, como esas cajas de medicamentos llamativas con grandes letras de colores que, con tan solo verlas o tocarlas y sin haber ingerido una sola píldora, nos hacen sentir que nuestro mal comienza a desaparecer. Así funciona este libro de Fernando Fabiani, un antídoto perfecto contra el desánimo.

El humorista andaluz Manu Sánchez es el encargado de abrir las puertas de esta consulta, a través de un prólogo lleno de genialidad en el que nos cuenta una experiencia médica propia, a la que le quita hierro con ese humor socarrón que le caracteriza. 

Y en esa consulta que ha construido Fabiani para nosotros nos atenderá el doctor Teodoro Jarcia, el personaje que pondrá voz a todo lo que el autor quiere contarnos, abarcando desde lo que es el entorno de los profesionales de la salud hasta el complicado mundo de los pacientes.

Teo es un médico de familia de unos cuarenta años que quiere explicarnos «hasta que punto la medicina ha cambiado mi forma de vivir». Es ese doctor que te puedes encontrar en tu centro de salud, donde las batas blancas difícilmente cubren cuerpos esculturales como el de los médicos de la tele, y que cuenta con un numeroso grupo de pacientes asignados que se lanzan a buscar información sobre su mal hasta debajo de las piedras y si hay que recurrir a Internet pues se recurre, aunque sepamos que ahí lo que vamos a encontrar nos va a desalentar aún más. 

Pero para que Teo esté hoy sentado tras la mesa de esa consulta ha tenido que pasar por diversas etapas en su vida, empezando por tomar un día la decisión de estudiar Medicina lo que implica pasarse un montón de años escuchando hablar de enfermedades de todo tipo y realizar unas prácticas a las que inicialmente cuesta acostumbrarse, especialmente si son de anatomía patológica. Si no debe ser muy agradable ver un hígado, imaginaos lo que debe ser ver un hígado enfermo, tocarlo y diseccionarlo. Mejor ni me lo imagino, que acabo de almozar.

Especialmente divertido es escuchar a Teo contar sus experiencias siendo un médico residente, superar los años de MIR, esas tres temidas letras que te ponen en la parrilla de salida, sin casco pero con un fonendoscopio al que todavía te cuesta controlar. A su vez nos contará por qué la primera guardia en un hospital no se te olvidará en la vida pero, entre tanto humor, también habrá momento para que nos expliqué qué es realmente un médico de familia. Aquí hago un inciso y os redirecciono a la entrevista que realicé a Fernando Fabiani (puedes leerla aquí) porque es realmente interesante las explicaciones que nos da al respecto y estoy segura de que os sacará de muchas dudas. Como me ha pasado a mí, creo que la mayoría de la población cree que el médico que les atiende en su centro de salud tiene menor prestigio, -por decirlo de alguna manera-, que el especialista en neurología y los tiros no van por ahí.

Pero claro, cuando de problemas de salud hablamos, el médico no es el único elemento de la ecuación. En Vengo sin cita tendremos algunos capítulos que hablarán de los pacientes, de los que van acompañados a consulta, de nuestra reacción a los medicamentos o a nuestra manera de ingerirlos o de la tendencia a acumular cajas y cajas de pastillas en casa porque «sin ir al médico yo sé que si me tomo  esta pastillita verde se me quita la verruga de la espalda». 

Por supuesto no hay que frivolizar más de la cuenta, y por ello, Teo se pondrá serio en algún momento y nos narrará algunas experiencias duras. Por mucho humor que se le quiera echar a ciertos asuntos, lo cierto es que no todas las historias acaban con un final feliz. Esto es la vida y tiene su cara y su cruz. En cualquier caso, la esencia del libro es del todo humorística y pretende hacernos pasar un rato divertido. Si a la forma de narrar se le unen las ilustraciones de Laura Santolaya, preciosas viñetas llenas de colores pasteles muy  vistosos, el resultado no puede ser más alentador. Y si encima, a la vez que nuestro médico nos va relatando sus experiencias, vamos encontrando una recopilación de frases casi surrealistas, no cabe otra más que reírse porque, ¿a quién no le hace gracia las que os dejo a continuación?

«Póngame de marca, no de los genéticos» 
«El Espidifen mándemelo de marca que el de melocotón no me hace nada».

Son frases que los médicos escuchan en sus consultas y que @dijoelpaciente se encarga de transmitir por Twitter. Sin duda, la relación paciente-médico debe ser fluida y basada en la confianza y esto genera naturalidad en el lenguaje, que se traduce en frases como las que os acabo de poner. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

ENTREVISTA a ROSA MONTERO (La carne).

Resultado de imagen de rosa monteroAutora

Rosa Montero nació y estudió Periodismo y Psicología. Ha publicado las novelas Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), Bella y Oscura (1993), La hija del caníbal (1997, Premio Primavera de Novela), El corazón del Tártaro (2001), La loca de la casa (Alfaguara, 2003; Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año, Premio Grinzane Cavour 2005 y Premio Roman Primeur 2006, Francia), Historia del Rey Transparente (Alfaguara, 2005; Premio Qué Leer 2005 al mejor libro del año, y Premio Mandarache 2007), Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara, 2008; Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac, Francia, 2011), Lágrimas en la lluvia (2011), Lágrimas en la lluvia. Cómic (2011; Premio al Mejor Cómic 2011 por votación popular en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona), La ridícula idea de no volver a verte (2013; Premio de la Crítica de Madrid 2014), El peso del corazón (2015); el libro de relatos Amantes y enemigos (Alfaguara, 1998; Premio Círculo de Críticos de Chile 1999), y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres y Pasiones, así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos. Desde finales de 1976 trabaja de manera exclusiva para el diario El País, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical durante 1980-1981. En 1978 ganó el Premio Mundo de Entrevistas, en 1980 el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios y en 2005 el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid a toda una vida profesional. Su obra está traducida a más de veinte idiomas.


megustaleer - La carne - Rosa MonteroSinopsis



«Al final todo acaba por desembocar en el amor. Y en el daño».

Una noche de ópera, Soledad contrata a un gigoló para que la acompañe a la función y así poder dar celos a un examante. Pero un suceso violento e imprevisto lo complica todo y marca el inicio de una relación inquietante, volcánica y tal vez peligrosa. Ella tiene sesenta año; el gigoló, treinta y dos.

Desde el humor, pero también desde la rabia y la desesperación de quien se rebela contra los estragos del tiempo, el relato de la vida de Soledad se entreteje con las historias de los escritores malditos de la exposición que está organizando para la Biblioteca Nacional.

La carne es una novela audaz y sorprendente, la más libre y personal de las que ha escrito Rosa Montero. Una intriga emocional que nos habla del paso del tiempo, del miedo a la muerte, del fracaso pero también de la esperanza, de la necesidad de amar y de la gloriosa tiranía del sexo, de la vida entendida como un lance fugaz en el que devorar o ser devorado.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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El martes pasado, Fesaro de Libros en el petate y yo, tuvimos la estupenda ocasión de sentarnos a hablar con Rosa Montero sobre su última publicación La carne, una novela fascinante que me ha sabido a poco. Tener a una autora de su talla es todo un privilegio y más teniendo en cuenta que es una mujer natural y espontánea. Bombardeada por las preguntas de uno y otro, siempre mantuvo la sonrisa y nos desveló muchos datos sobre esta, su última novela. Esto es lo que nos contó.


Marisa G.- Rosa, eres una autora con una larguísima trayectoria que mantiene novela tras novela, su estatus literario. Ya sabemos que publicar una primera vez es muy complicado pero mantenerse en una buena posición en el ranking es lo realmente difícil. ¿Cómo se consigue?


Rosa M.- No sé cómo se hace. A mí me parece alucinante. La verdad es que cuando me pongo a pensar  no puedo sentirme más agradecida. Llevo treinta y siete años publicando novelas, unas gustan más, otras menos, pero todas han ido muy bien. Me siento casi bendecida. 

Dice Clara Obligado en un ensayo literario que si una persona lee un libro a la semana desde los 8 años hasta los 80, -que ya está bien; sería un pedazo de lector con un pedazo de vida-, solo leería tres mil libros en toda su vida. A mí esto me parece poquísimo. Así que, teniendo en cuenta tales cifras, que cojan un libro mío y lo lean, me parece un premio más gordo que el de la Bonoloto. Así que a tu pregunta, no lo sé, la verdad. 

De todos modos, una de las cosas que tienes que hacer como escritor es ser cada vez más libre. Ahí radica la madurez del escritor, y ser más libre significa serlo hasta de las propias expectativas, simplemente llegar a borrarte, borrar tu yo y dejar que la historia te atraviese y aprender de ella. Yo no pregunto cuántos ejemplares tiran de mis novelas en la primera edición, no pregunto cómo va, jamás entro en una librería a ver si está mi libro,... Es como un ejercicio que tienes que hacer porque además es algo muy turbador y forma parte de las cadenas que tienes que romper.

Decía Julio Ramón Ribeyro que una novela madura exige la muerte del autor y lo decía de manera metafórica, claro. Pero realmente es así. Tienes que borrar  el yo consciente.

M.G.- ¿Y haciendo alusión a esa libertad que mencionas es por lo que la editorial califica La carne como tu novela más libre y personal?

R.M.- Bueno, no. Son cosas que se suelen decir en las notas de prensa. Yo creo que todas mis novelas son muy personales en el sentido de que salen del inconsciente, del corazón, de lo que tú eres y que ni siquiera sabes. Todas son muy íntimas. 

En cualquier caso, sí creo que estoy en mi periodo de madurez, de plenitud, no sé si he alcanzado el tope o no pero sí siento que las últimas novelas como La ridícula idea de no volver a verte, El peso del corazón y esta están fluyendo de una manera distinta de las anteriores. Están saliendo con una fertilidad y una emoción tremenda. Como si las palabras y las historias estuvieran bailando conmigo, levantando los pies del suelo. 

Una de las cosas esenciales que tiene que aprender el escritor es a mantener la distancia narrativa, que además sería otra manera de borrar el yo del que te hablaba antes. Para conseguir esa distancia y alcanzar la universalidad es necesario hablar de mundos que no tienen nada que ver contigo. Y por eso, mis personajes y los mundos de mis novelas son muy lejanos  a mi mundo. Así, lo mismo escribo de una cantante de boleros analfabeta, de un androide del siglo XXII - Bruna Husky-, un personaje que además se parece mucho a mí, escribo sobre una sierva de la gleba que se hace guerrera, de un taxista,... Pero, ¿qué es lo que ocurre? Pues que llevaba un tiempo queriendo volver a una realidad muy cercana a mí, porque siendo ya más madura, mi pequeña vida no se iba a interponer o mi biografía no iba a empequeñecer la historia. Quería hacer una novela ambientada en el Madrid contemporáneo, con personajes intelectuales de más o menos de mi edad. Y esto sí que es otro paso hacia la libertad.

M.G.- En esta novela, como bien dices, tocas temas muy humanos y que nos afectan a todos y que nos preocupan, especialmente a los que vamos encarrilando una edad. 

R.M.- Pues sí, pero fíjate que estoy feliz y encantadísima porque la novela lleva en la calle ocho días y en las tres presentaciones que llevo, se me ha acercado mucha gente a contarme que se han sentido muy identificados y no te hablo de gente de cincuenta, sesenta o setenta años. Te hablo de chicos y chicas jóvenes, como de treinta años, que se han sentido afines a la protagonista. Así que yo creo que trata de algo muy esencial, el paso del tiempo, la vida, cómo nos vamos cargando con una mochila a las espaldas que contiene todos nuestros errores, nuestras frustraciones, el daño que hemos hecho, el que nos han hecho, los sueños rotos,... Todo eso pesa muchísimo. ¿Qué hacer con eso? En definitiva, de lo que se habla es del amor, de la necesidad del amor, del desamor, del invento del amor,... Todo eso lo puedes vivir con la edad que sea y por eso los jóvenes también se sienten identificados.

M.G.- Rosa, yo interpreto tu novela como un exorcismo, como si al escribir sobre estos temas se les hiciera frente a aquello que nos da miedo y por lo tanto espantáramos a los fantasmas.

R.M.- Sí, de alguna manera es una forma de intentar convivir con todo aquello que te asusta.

M.G.- Soledad es el protagonista principal de tu novela, una mujer de sesenta años, con un buen trabajo, que mantiene un buen tipo, inteligente, bella. Es un personaje a la que he querido desde la primera línea hasta el final.

R.M.- ¡Qué bien! Pero es tremenda, ¿eh? Es rabiosa, envidiosa,... 

M.G.- Sí, es un personaje muy completo y además me ha pasado que, al llegar al desenlace, me ha producido sentimientos encontrados. Por un lado, he sentido pena pero por otro lado he aplaudido su decisión, su actitud, ese cambio de comportamiento. No sé si pretendías provocar estas reacciones en el lector.

R.M.- Ella es reflejo de la fuerza de la vida. Creo que su actitud es lo más sensato en su personaje y especialmente en ese final que no vamos a desvelar. 

Como siempre digo, y esto ya lo sabréis, yo escribo novelas de supervivientes y el superviviente es el que no ceja nunca de vivir y así es Soledad. Pero fíjate qué curioso, Soledad es una mujer muy misógina y yo he odiado toda mi vida a las mujeres misóginas. Sin embargo a Soledad la entiendo y la he llegado a querer mucho también.

M.G.- Pues sí, se la quiere, a pesar de ese inicio tan lleno de venganza...

R.M.- Y esa furia pueril porque cuando estamos despechados por amor cometemos las tonterías más grandes porque somos así y el amor siempre es niño y por eso se representa como un niño. Nunca crecemos para el amor.

M.G.- La pobre también acarrea mucho lastre del pasado.

R.M.- Un lastre tremendo que lo vamos a ir conociendo a medida que avancemos en la lectura, sí. Poco a poco la vas entendiendo. Yo no la juzgo porque no escribes para juzgar sino para entender y a pesar de que yo detesto la misoginia he llegado a entenderla porque me he metido en su piel.

M.G.- Adam, es el otro personaje, el escort que ella contrata para vengarse de su ex amante. Adam no es tan diferente a Soledad, ¿verdad? Tienen rasgos comunes.

R.M.- No, no, tienen algo especular. Soledad, en un momento se confiesa como un monstruo, al igual que Adam porque eso es otro de los temas que se toca en La carne, o en cualquiera de mis novelas, esos personajes heterodoxos que resultan ser más válidos que los personajes de poder que salen en la mayoría de los libros. Soledad tiene miedo a ser diferente, a no dar la talla, a que la rechacen, a caerse de la plataforma de lo admitido socialmente, convertirse en una maldita, a volverse loca. Es fascinante.

M.G.-  Y sobre los nombres de los personajes, no están elegidos al azar sino que existe una intencionalidad, ¿verdad?

R.M.- Totalmente. Adam es el hombre, el primer hombre de la tierra. Soledad, que además se apellida Alegre, es como uno de esos chistes negros que a veces hace la vida. Y por otro lado, también está la mala leche de la madre de Soledad por poner esos nombres a sus hijas: Soledad y Dolores. 

Pero esto de los nombres también es algo clave que nos desvela el tono de la novela. Creo que La carne trata de cosas profundas, graves y terribles pero contiene un sentido del humor que resulta consolador y que de alguna manera permite colocar cada cosa en su sitio para que no se convierta en un melodrama. El humor es una manera de expresión maravillosa.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MUERTE EN VENECIA (DRAMA - 1971 )



Año:1971

Nacionalidad: Italiana.

Director: Luchino Visconti.

Reparto: Dick Bogarde, Björn Andrésen, Silvana Mangano, Marisa Berenson, Mark Burns, Romolo Valli.

Género: Drama.

Sinopsis: A principios del siglo XX, un compositor alemán de delicada salud y cuya última obra acaba de fracasar, llega a Venecia a pasar el verano. En la ciudad de los canales se sentirá profundamente atraído por un hermoso y angelical adolescente, sentimiento que le irá consumiendo mientras las decadencia también alcanza a la ciudad en forma de epidemia... Adaptación de la obra homónima del escritor Thomas Mann.


[Información facilitada por Filmaffinity]


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De Thomas Mann siempre he tenido ganas de leer alguna novela. En casa solo tengo Relato de mi vida, a la que debería haber hecho hueco ya. La cosa es que, como me dejo tanto llevar, una de mis últimas lecturas me condujo hasta Muerte en Venecia y por imposibilidad material de ponerme con la novela, me decanté por ver la versión cinematográfica dirigida por Luciano Visconti en 1977. 

Conocía de sobra el argumento, al menos el de la novela porque ya se sabe que entre el original y la copia en celuloide puede mediar un abismo, y por tanto sabía lo que me iba a encontrar. Tras el visionado, el resultado ha sido un tanto confuso pero antes de que me lluevan palos, dejad que me explique.

Los que hayáis leído la novela del autor alemán sabréis que su trama aborda el enamoramiento del compositor Gustav von Aschenbach por el joven polaco Tadzio. Aquejado de una dolencia cardiaca y tras comprobar que su última composición musical no tuvo buena acogida, Aschenbach decide pasar unos días en Venecia para descansar. En plena época estival, el bullicio y la multitud de turistas es infernal, nada parecido a lo que Gustav necesita para su deteriorado corazón. A esto hay que añadir que hace un calor sofocante debido al siroco, empeñado en no abandonar la ciudad ni en dejar de incordiar a los mortales. 

Gustav, en total soledad y sin entablar amistad ni conversación con nadie ve pasar sus días leyendo el periódico, contestando cartas o simplemente paseando y observando lo que le rodea. Sus ojos terminarán por posarse en el angelical rostro de Tadzio, el joven de cabello dorado, piel nacarada y mirada tan dulce como turbadora, un auténtico efebo que prácticamente hipnotizará a Aschenbach. A partir de ese momento, algo comienza a removerse en el interior del compositor, a torturarlo, a  mientras que la ciudad parece sumirse en un enigmático silencio pues intentan ocultar una supuesta epidemia de la que nadie quiere hablar.



La película, cuyo desenlace uno puede deducir por el título de la cinta y que posee un aire de decadencia que no dejará indiferente, cuenta con importantes saltos en el tiempo, diversos flashbacks que nos harán entender por qué motivo Aschenbach ha llegado a Venecia, con qué objeto ha decidido pasar allí unas vacaciones. Del pasado se rescatarán algunas conversaciones con un colega y que Gustav rememora en su estancia veneciana. Reflexiones sobre el paso del tiempo y la belleza parecen alentarle a dar un paso más en esa situación compleja en la que se halla tras conocer al joven Tadzio y que refuerzan los atributos del muchacho. 

martes, 20 de septiembre de 2016

ENTREVISTA a FERNANDO FABIANI (Vengo sin cita. Historias inconfesables de un médico de familia).

Autor

Fernando Fabiani (@FernandoFabiani). Sevilla 1975. Es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Trabajó en urgencias hospitalarias y, desde hace 10 años en un centro de salud. Subido a las tablas de los escenarios desde hace 25 años, a partir de 2003 se hace cargo de la dirección artística de la compañía Síndrome Clown. Experto en coaching. Apasionado de la docencia y la comunicación, imparte cursos de cómo hacer presentaciones creativas y participa en diferentes congresos y eventos, como #EBE15. Amante del chocolate negro. Y de la vida. ¿Cambiamos el mundo?

Sinopsis

¿Imaginas lo que es ejercer la medicina hoy en día a la sombra de Google, sin el caché de House, el látigo de Grey ni el glamour de Clooney?

Teodoro Jarcia, Teo para los amigos, es médico de familia. Acaba de cumplir cuarenta y se siente en el ecuador de su vida. Si echa la vista atrás no solo es consciente del paso del tiempo, también de lo que la medicina ha influido en su manera de vivir. Para el doctor Teo, una persona normal tirando a hippie, no es fácil ser médico en la actualidad, pero lo sobrelleva como puede. Y es que la profesión ha cambiado mucho. Antes el médico era una persona respetable junto al alcalde y el cura. Ahora el alcalde es corrupto, el cura no tiene fieles y el médico se llama #Google.

Fernando Fabiani, @FernandoFabiani, médico de profesión, construye un relato sobre divertidas y sorprendentes anécdotas del mundo de la medicina, desde la carrera hasta la consulta diaria, partiendo de experiencias propias y de colegas del gremio. Ilustrado por Laura Santolaya, @P8ladas, y con sección invitada de @dijoelpaciente, Vengo sin cita es un libro que, sin perder en ningún momento el sentido del humor, aprovecha para abordar temas sanitarios de modo sencillo y que te arrancarán una sonrisa.


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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Mi madre quería que estudiara medicina. «Ni loca», le respondí. Yo que veo una bata blanca y me echo a temblar, que no soporto el olor a desinfectante de los hospitales y no duermo el día antes de acudir a la consulta. Huyo de los médicos como del diablo pero hace unos días pude sentarme con Fernando Fabiani, un médico de familia que, sin bata blanca y sin fonendoscopio, estuvo hablándome del mundo sanitario, de profesionales de la salud y de las enfermedades de la manera más divertida posible. Fue la primera vez que me sentaba junto a un médico con total tranquilidad.

Fernando Fabiani acerca el mundo de la sanidad a los lectores a través de su Vengo sin cita. Historias inconfesables de una médico de familia, donde recoge un montón de anécdotas y nos ofrece una perspectiva mucho más amable de su profesión. El humor es un factor clave en este libro ilustrado cuya lectura, estoy segura de ello, te aliviará el dolor de cabeza, hará desaparecer esa contractura que te acompaña desde  hace semanas y volatizará la ansiedad que las preocupaciones del día a día nos produce. Porque el humor, y esto lo tenemos que grabar a fuego en nuestra mente, es el mejor remedio contra los males.


Marisa G.- Fernando no paras quieto. Haces infinidad de cosas. Además de ser médico, haces teatro, eres docente, experto en coaching, ahora escribes,... 

Fernando F.- Exacto, por definición, no paro pero por no parar, hay que parar en algún sitio y poner límite en alguna parte si no me voy a volver loco.

M.G.- Pero, ¿cómo haces para llevar tantas cosas adelante? Admiro a la gente como tú.

F.F.- Por un lado hay que querer hacer todas esas cosas y por otro,  hay que organizar y gestionar bien el tiempo. No hay otra manera porque además tengo dos niñas y todo tiene que girar en torno a eso, en estar con mis hijas en casa tres o cuatro tardes a la semana. De otro modo no me compensaría. En cualquier caso, se hace necesario dormir menos de la cuenta y exprimir al máximo los fines de semana.

M.G.- Ya tenemos en las librerías Vengo sin cita. Historias inconfesables de un médico de familia. Te dedicas al teatro y creo que has escritos algunos textos pero este es tu primer libro, libro, ¿no?

F.F.- Pues sí. He escrito mucho lenguaje teatral por así decirlo pero es la primera vez que me animo a escribir algo como esto.

M.G.- ¿Y por qué? ¿Cómo surge?

F.F.- Me surge por dos motivos fundamentales. Uno, porque al dirigir la compañía de teatro Síndrome Clown me doy cuenta de que el humor es algo fundamental, algo que necesitamos constantemente y que sirve para contar muchas cosas. Creo que si te cuentan las cosas con humor, entran mucho mejor. Dos, porque como médico, vengo detectando que tenemos una mala educación sanitaria, y no porque seamos maleducados sino porque no nos han formado adecuadamente. 

Pienso que hay muchos mensajes de salud que darle a la gente, que las vías clásicas que utilizamos no terminan de funcionar y que encima, existe un gran interés por desinformar a la población, por hacerla consumir ciertos productos. Entre tanta mala información, el paciente está ahí en medio y los médicos tenemos que adoptar el papel de educar en salud. Por eso pensé que, el mismo humor que empleo en el teatro, me podría servir para contar todo lo que quería contar, para camuflar mensajes de salud a través del humor.

M.G.- Vengo sin cita es un libro ilustrado por Laura Santolaya.

F.F.- A Laura la seguía por las redes sociales desde hace mucho tiempo. Siempre me ha gustado mucho su tipo de ilustración y su humor, muy ácido, que me hace mucha gracia y cuando estaba haciendo el libro pensé que unas buenas ilustraciones podían ayudar a hacer el libro más desenfadado, a darle un aire fresco que, incluso el menos habituado a leer, se sintiera animado a ojearlo. Entonces se lo propuse y me contestó que sí. Creo que ha sido un acierto darle este toque de color al libro, pues lo redondea.




M.G.- Lo hace muy atractivo, sí. Y Fernando, para un libro de este tipo, ¿qué mejor prologuista que Manu Sánchez, verdad?

F.F.- Me pasó prácticamente lo mismo. Terminado el libro, hablé con la editorial y le propuse ponerle un prólogo. Se me ocurrió que siendo un libro de humor escrito por un andaluz sería interesante que Manu lo prologara. Le mandé un mensaje, se lo propuse, se leyó el libro y aceptó. Es un auténtico regalo y un magnífico pistoletazo de salida.

M.G.- En el libro recoges las vivencias tuyas como médico, desde que empiezas a estudiar medicina, pasas por las prácticas, el MIR, las urgencias hospitalarias,... pero todas estas historias las cuentas a través de un personaje que creas, Teodoro Jarcia. ¿Por qué inventar un personaje y no contarlo todo con tu voz?

F.F.- Este libro no es una autobiografía. Si el protagonista se llamara Fernando Fabiani, tendría un carácter muy biográfico y eso me influiría mucho a la hora de escribir. Hay cosas que no cuento y no porque no sean importantes en mi vida, sino porque no son relevantes para un libro de humor en el que quiero contar cosas de salud. Por otra parte, y eso lo saben quienes han trabajado con el humor, aunque todo lo que está en el libro es verídico, la forma de contarlo también ayuda a que sea más o menos divertido y Teo tiene una forma de expresarse un poco más procaz, más ácida, no le tiembla la lengua al decir determinadas cosas, es mi alter ego. Me pareció que podría ser el protagonista ideal.

M.G.- Tocas muchos temas. Con algunos me he sentido identificada por ejemplo, con esa tendencia que tenemos de buscar nuestra sintomatología en Google. Somos unos masoquistas.

F.F.- Yo creo que no es masoquismo. Hay muchos compañeros que aconsejan a los pacientes que no miren en Google y yo les digo todo lo contrario porque es normal que busquemos información. Nuestros padres tenían aquella enciclopedia de la salud que había en todas las casas. Nosotros tenemos una ventana al mundo donde está todo. ¿Cómo vamos a pretender que una persona, en su casa, que está preocupado por un síntoma, no busque información en internet?

M.G.- Pero es que siempre encontramos lo peor.

F.F.- Luego nuestro papel como médico es señalar dónde buscar, dar direcciones útiles y fiables. En mi consulta, muchas veces prescribo una dirección de una página web. Es que no podemos pretender que la gente busque información sobre sus síntomas, pero hay que buscar en lugares idóneos.

M.G.- Y algo que destacas en el libro es que los médicos sois los peores pacientes porque sois más hipocondríacos que nadie.

F.F.- Claro. No hay peor paciente que un médico y eso lo sabemos todos los médicos que tenemos a un compañero que es paciente nuestro. Es lógico. El médico conoce perfectamente la mayoría de las enfermedades, y no solo eso, sino que también conoce las posibles complicaciones. Si te pasa cualquier cosa, el médico se coloca tres capítulos por delante pensando que lo que tiene puede acabar en esto o en lo otro, lo peor. Claro, por muy tranquilo que uno sea, ese miedo, esa lucecita no puedes evitar que se te encienda. Por lo tanto, un médico no siempre es un modelo a seguir en salud. Que sepamos lo bueno no quiere decir que lo hagamos.

Lo que hay que hacer, y esto intento reforzarlo en el libro, es transmitir a los pacientes que no hay que mirarse tanto, que hay que ser feliz y disfrutar de la vida. Por supuesto, hay que estar pendiente por si te pasa algo importante pero nunca estar obsesionado con cada cosita que sintamos. Eso no es vida.

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