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viernes, 29 de agosto de 2014

EL GRITO DE LA LECHUZA de Patricia Highsmith.


Editorial: Plaza y Janés.
Fecha publicación: 1997.
Nº Páginas: 360.
Precio: -- €
Género: Novela.
Edición: Tapa blanda.
ISBN: 978-84-012-5010-1

Autora

Fort Worth, (1921-1995). Patricia Highsmith fue en vida una trabajadora infatigable y minuciosa, no en vano no publicó obra alguna sin que hubiera sido revisada en múltiples ocasiones. Jamás se plegó a las normas del mercado y las modas. Sus libros narran las historias de hombres y mujeres en situaciones comunes que se tornan peligrosas y los obligan a defenderse con una moral egoísta y tramposa. Highsmith fue una exploradora del sentimiento de culpabilidad y de los efectos psicológicos del crimen sobre los personajes asesinos de sus creaciones.

Sinopsis

Robert abandona Nueva York porque ya no puede soportar las disputas con su mujer. Se refugia en un lugar de Pennsylvania para trabajar y encuentra sosiego contemplando a través de las ventanas de su casita a una muchacha desconocida. Pero Robert se verá envuelto en un caso de asesinato.

[Información facilitada por Casa del Libro]


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Recuerdo que siendo jovencita me gustaba mucho leer a Patricia Highsmith. Junto a Agatha Christie, eran mis lecturas del verano, algo que se intensificó cuando, al empezar a estudiar la carrera, me obligaba a leerlas en inglés. Por casa anda todavía un ejemplar de The Black House (La casa negra) publicado en 1981. La cosa es que, cuando vi que Marilú, Meg y Ana organizaban el reto Escritoras Únicas y que Patricia Highsmith era una de las propuestas elegidas por Meg, me entraron muchísimas ganas de volver atrás en el tiempo y rememorar aquellos días de verano en los que no tenía absolutamente nada que hacer, tan solo levantarme tarde, desayunar e invertir mi tiempo en lo que me diera la gana sin responsabilidades ni compromisos. No sé qué habrá ocurrido. No sé si mis gustos literarios han cambiado, han madurado, han evolucionado en otra dirección o que la elección hecha no ha sido la más afortunada. La cuestión es que El grito de la lechuza no ha resultado como esperaba. Os cuento.

Robert Forester es un ingeniero industrial que trabaja para Langley Aeronautics diseñando accesorios para avionetas y helicópteros. Tras una depresión motivada por su reciente separación, se trasladó a vivir a una pequeña ciudad, en medio de la campiña de Pennsylvania. De naturaleza solitaria y taciturno, invierte su tiempo libre paseando por los alrededores, sumergido en sus cavilaciones. Un día llega hasta una zona apartada de la ciudad, a una casa en la que contempla a través de las ventanas como una joven, Jennifer Thierof, una muchacha de unos 23 años se afana en sus labores. La chica tiene algo especial. Desprende calma, alegría, serenidad, algo que reconforta la inquietud que Robert padece en su interior y a partir de entonces adquiere la costumbre de visitar a la joven con frencuencia, aunque siempre desde la penumbra. Robert no es un fisgón. En su ánimo no está la idea de acosar a la chica ni hacerle daño, sino simplemente desea contemplarla, pasar un rato en su vida e impregnarse del mimo y el cuidado que ella pone en todas las tareas que hace.



La actitud de Robert supondrá el inicio de una serie de problemas que podrán la vida del ingeniero patas arriba, porque Jennifer no está sola. Su novio Gregory Wyncoop y ella misma comienzan a sospechar que alguien merodea por la casa y efectivamente Jenn sorprende a Robert en una de sus visitas furtivas. Lejos de una reacción adversa, ambos se hacen amigos, una amistad que se fundamenta en los episodios tristes que cada uno acarrea en sus vidas. Parecerá que todo queda aclarado pero nada más lejos de la realidad. 

El infierno de Robert no ha hecho más que empezar. Por un lado una ex esposa excéntrica y paranoica que lo tilda de loco a la menor oportunidad posible. Por otro, él se convierte en el confidente de Jenn quién comienza a sentir dudas sobre su futuro enlace con Greg y a mirar a Robert con un interés desmedido que él no consigue controlar. Y para colmo, el novio de la joven verá a Robert como un competidor que hace tambalear su futura vida. 

La bola de nieve comienza a hacerse más y más grande. Robert se siente en un callejón sin salida del que no sabrá cómo salir, los celos de Greg aumentan y Jenn se desespera, hasta que los acontecimientos se van sucediendo y adquiriendo cada vez un cariz más grave. Algún hecho luctuoso, sospechas, malentendidos, engaños, y mentiras son los elementos que encontramos en esta trama que va de menos a más sin que haya conseguido engancharme. 

¿Qué no me ha gustado del argumento? Principalmente la reacción de Jennifer al pillar a Robert merodeando por la casa. Lo lógico hubiera sido que ella lo denunciara a la policía y, sin embargo, entabla con él una relación de amistad que se solidifica en breve espacio de tiempo.

Los personajes tampoco me han parecido muy convincentes. Tanto Robert como Jennifer parecen inestables emocionalmente y por eso se comportan de manera un tanto difusa, algo que como lectora me ha hecho sentir incómoda, especialmente con Robert que, sabiendo lo que quiere y lo que no, deja que las cosas caminen en una dirección que no le beneficia. En cambio Greg se perfila con mayor precisión, mostrándose obsesivo, desquiciado, celoso y actuando de tal modo. Este último me ha parecido un personaje mucho más definido que los dos anteriores.

miércoles, 27 de agosto de 2014

CORTOMETRAJES (I).

No solo de pan vive el hombre y no solo de largometrajes se alimenta el cine. El cortometraje es un género que siempre ha pasado de puntillas, especialmente los de animación que en los premios se pierden entre tanta categoría, pero para mí son piezas a las que cada vez presto más atención. Creo que tienen un mérito poco reconocido y eso que debe ser complicadísimo comprimir en apenas unos minutos toda una historia. Ocurre igual que con los relatos en literatura. 

Por eso, cuando llega la gala (y me refiero a Los Goya porque para los Oscars una siempre está en otro huso horario) tomo buena nota de los nominados y de los ganadores y siempre intento ver alguno. La sorpresa, en ocasiones, es mayúscula.

Así pues, en este rincón que concede semanalmente un espacio a los largometrajes creo que es de recibo centrarme por una vez (o dos, eso ya se verá) en los cortos, concretamente en los de animación y más aún en aquellos que salen de la fábrica de Pixar.

Pixar tiene una larga trayectoria que le ha supuesto numerosos y diversos galardones (más de 20 Oscars, 7 Globos de Oro, Grammys,...). Comenzó como parte de Lucasfilm aunque, a día de hoy, es propiedad de Disney. Creo que siempre ha sido pionera en lo suyo y con el paso del tiempo hemos ido viendo la evolución en cuanto a técnica digital y recursos. 

En la temática que nos ocupa, cuenta con casi una treintena de cortometrajes. El primero fue Las Aventuras de André y Wally B (1984), una pieza de apenas un minuto de duración y cuya calidad de gráficos y animación dista muchísimo de lo que vemos hoy. 

Posteriormente crearon Luxor Jr, en 1986, del que surgió el logo que representa a la empresa, ese flexo que a toda costa quiere usurpar la letra I de la palabra Pixar.

De todos los cortometrajes que han salido de la mano de estos magos, yo te recomendaría ver alguno de los primeros, como Tin Toy (1988) que narra cómo un pequeño soldado de juguete intenta huir de las destructoras manos de un bebé, para compararlo con alguno otro más moderno, como El hombre orquesta (2005). Ya veréis que diferencia. 

Los que más me gustan son:

* Pájaros (2000). Que muestra como un grupo de pájaros rechaza a otro solo por ser diferente pero se llevarán una lección porque quien ríe último, ríe mejor. 


[Trailer]

* Abducidos (2006). Un joven extraterrestre intenta pasar un examen consistente en abducir a un humano mientras este duerme. Un corto muy, muy divertido lleno de humor.


[Trailer]

* Presto (2008). La lucha de un mago con el conejo de su chistera. Aquí se invierten los papeles y el conejo le sale rana al mago. Muy divertido. Alucinante la rapidez de movimientos con los que se dota a los dibujos. Cuesta trabajo seguirles la pista.


[Trailer]



* Parcialmente nublado (2009). ¿Cómo nacen las nuevas criaturas que pueblan la tierra? De ello se encargan las nubes que construyen y dotan de vida a cada ser vivo. Luego son las cigüeñas las que realizan el transporte. Este cortometraje me llegó por facebook y os recomiendo que lo veáis. Es todo ternura. Su título original es Partly Cloudy.


[Trailer]

* La luna (2012). Un cuento sobre la luna y sus diferentes etapas y las estrellas fugaces. Una verdadera preciosidad, original e imaginativa.



[Trailer]


Todos cuentan con banda sonora que es lo único que ameniza el argumento y son pocos los que incluyen diálogos o canciones. En cuanto a la duración, los primeros eran muy cortos, escasamente un minuto y medio, mientras que en los últimos llegan a alcanzar los diez minutos. ¿Y tienen moraleja? Bueno, algunos sí son moralizantes y cuenta con un mensaje final. 

Algo curioso es que en ocasiones Pixar hace algún guiño a sus largometrajes por medio de algún corto. Es el caso de Mate y la luz fantasma (2006) y Cars, Tu amiga la rata (2007) y Ratatouille y otros tantos... 

¿Y dónde los puedes ver? Pues algunos de ellos están incluidos en los DVD de los largometrajes en venta pero todos están también en Youtube, algo que me ha hecho pensar en la siguiente reflexión. 

Al margen de los premios, ¿cuál es el fin de los cortos? En los establecimientos de alquiler, en esos videoclubs que a duras penas se mantienen abiertos aún, no suelo encontrarlos. Digo de manera individual. Otra cosa es que alquile la película de Pixar y el cortometraje venga incluido como un extra. Y luego está la adquisición pero, ¿conocéis a mucha gente que compre películas? Yo no. De todos modos, e independientemente de los largometrajes, he averiguado que Pixar los agrupó en diversos DVD y los puso a la venta. Creo que hay dos volúmenes.


Y Youtube, claro. Como os digo, es ahí donde he visto prácticamente todos los que me han interesado. Y aquí viene la pregunta del millón. Si no figuran en establecimientos de alquiler, raramente los puedes ver en el cine salvo que vayas a ver una película concreta de la misma fábrica (y ni siquiera sé si siempre se emiten), casi nadie los compra y todo el mundo puede verlos en diversas webs de manera gratuita, ¿qué ganan sus creadores? Si alguien lo sabe que me lo explique. Y escribiendo estas líneas me acordé de un mensaje que empezó a circular por Facebook en el mes de marzo o así. Resulta que en la última gala de Los Goya consiguió el galardón el corto  de animación Cuerdas de Pedro Solís García, una preciosa historia sobre la amistad entre una niña y un niño con discapacidad.

Os pongo solo su trailer:



En apenas un minuto, el espectador queda prendado de María y siendo una historia tan entrañable, inmediatamente comenzó a circular por las distintas redes. Y cuando me llegó, compartí porque me pareció tan emotivo que sentí que todo el mundo lo tenía que ver. Yo pensaba que estaba haciendo lo correcto, pero no. Días después, su director, Pedro Solís lanzaba un mensaje rogando que el cortometraje no se difundiera más, que había sido subido ilegalmente y que todo el mundo lo estaba viendo de manera gratuita, lo que conllevaba un perjuicio económico. Y es que Pedro tenía pensado invertir los ingresos que recibiera por aquel corto en algo muy concreto, en alguien muy concreto, en su hijo Nicolás, el protagonista con discapacidad de este corto y que, gracias a la Fundación Nipace en Guadalajara, recibe la atención de personal especializado.

Me gustaría pediros que oigáis la entrevista que Pedro Solís concedió al programa La Tarde de la cadena Cope tras recibir el Goya. Él lo explica muy bienPuedes oírla aquí. Así como este vídeo de Telemadrid en el que se nos presenta a Nicolás, a su padre y la Fundación Nipace.



Bueno, pues esta es mi pequeña aportación en favor de los cortometrajes. Para aquellos que disfrutéis del cine tanto como yo, os animo a acercaros a este género y no solo a los que se realizan fuera de nuestras fronteras, sino también a los que hacen los profesionales de este país.







lunes, 25 de agosto de 2014

LOS CAPULLOS NO REGALAN FLORES de Moderna de Pueblo.



Editorial: Lumen.
Fecha publicación: marzo, 2013.
Nº Páginas: 352.
Precio: 19,90 €
Género: Novela.
Edición: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-670-0771-8

Autora

Moderna de Pueblo es en realidad Raquel Córcoles, nacida en Reus en 1986. Raquel empezó estudiando publicidad en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, para luego licenciarse en periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Tras varios años de periodista en prácticas, volvió al mundo de la publicidad y trabajó tres años de redactora en varias agencias. En 2011 abrió un blog para su álter ego "Moderna de Pueblo", y al hilo del éxito en la red publicó ese mismo año su primer álbum, titulado Soy de pueblo, que a fecha de hoy ya ha llegado a su cuarta edición y se ha traducido a diferentes idiomas. Raquel también ha sido colaboradora habitual de El Jueves. Actualmente sigue publicando sus viñetas en la revista Cuore y en su web www.modernadepueblo.com

Sinopsis

La vida de una joven que no cree en el amor, peroooo... quieren que le regalen flores.

Se trata de un cómic donde la protagonista es una chica de hoy, joven y con ganas de vivir experiencias nuevas, que se define diciendo "Eres de pueblo si naciste en un lugar donde no hay Corte Inglés". De ahí eso de Moderna de Pueblo, de ahí sus primeras decepciones al descubrir que la vida en la ciudad no es tan atractiva como parecía. Pero nuestra Moderna sabe reponerse y pelear por un lugar donde alojarse, trabajar y... enamorarse. ¿Enamorarse? Bueno, por lo menos intentarlo, porque la vida está sembrada de flores, pero los capullos abundan. Los hay egoístas, avaros, falsamente liberados o pegados aún a las faldas de su madre. Los hay que te cuentan mentiras, y otros que son demasiados sinceros, y unos cuantos que te piden que te abras de corazón y piernas sin rechistar.

Acompañan a Moderna un montón de amigos, dos hermanas muy especiales y una madre que quiere lo mejor para su hija, pero según sus propias leyes. Chica resuelta, muy "moderna", ella es una romántica que no cree en el amor, ¡pero que es feliz cuando por fin un capullo se molesta en regalarle flores! 

[Información facilitada por la editorial]


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Este año me he aficionado al cómic y a la novela gráfica y son varias las que han pasado por mis manos: Diario de una Volátil, Crisis de (ansiedad), Cooltureta. Una forma distinta de acercarse a un libro para, generalmente, reírte aunque hay otras como Maus de Art Spiegelman que lo que menos inspiran es risa.

Tras leer el último trabajo de Moderna de Pueblo, Cooltureta, me entraron unas ganas tremendas de conocer su anterior novela, Los capullos no regalan flores, así que, dicho y hecho. Aquí os traigo mi opinión. 

La protagonista de esta novela gráfica abandona su pueblo para buscarse un futuro en la gran ciudad. Atrás deja familia y a su novio de toda la vida, ese que hipotéticamente la esperaría tras su aventura urbana. Obviamente se olvidó de ella nada más que la chica puso el pie en la capital, convirtiéndose ipso facto en el primer capullo de su vida. 

En su nuevo destino buscará empleo, compartirá piso con otras dos chicas, conocerá a gente nueva y se dará cuenta lo pueblerina que es. Pero no hay cuidado. Tan solo se trata de observar e imitar hábitos y costumbres para ser una más, una moderna más que, junto a sus compañeras de piso, se lanzan a la búsqueda de novio, pero no uno cualquiera sino uno que no sea un capullo integral o como decía aquella británica que nació de las manos de Helen Fielding, que no sea un alcohólico, adicto al trabajo, fóbico al compromiso, misógino, megalómano, chovinista, sexista, gorrón emocional o pervertido. Alea iacta est y en el camino se topará con diversos individuos a los que va colocando etiqueta: el capullo fugitivo, el capullo capullo, el capullo cooltureta, el capullo perdonavidas, el capullo mareante, el capullo ideal, el capullo trimestral, el capullo Asperger,... Toda una retahíla de individuos que le harán dudar del amor.



Y así moderna, soportará a tíos que le restriegan en su cara sus infidelidades y se quedan tan panchos por el simple hecho de alzarse como hombres sinceros y que siempre van con la verdad por delante. O bien, saltará de rollo en rollo porque eso es lo que hace una moderna aunque el sistema no vaya mucho con ella. Y harta de unos y de otros, le llegará la liberación, desarrollará un odio furibundo contra los tíos y se convertirá en una gurú de las relaciones que dará consejos a mansalva. Pero el amor surgirá cuando menos lo espere y se dará cuenta que, entre tanto capullo, hay algún chico que realmente merece la pena. 

Bajo mi punto de vista Moderna no es tan moderna. Ella es más sencilla, más simple y aunque intenta adaptarse a esas normas urbanas que te hacen formar parte de una tribu, no comulga con todas sus disposiciones. Moderna no deja de ser una chica normal que solo desea tener un trabajo, unas amigas, un noviete con el que comparte sus días y sus noches. Pero lo que está estipulado es salir de caza y eso hace numerosas noches junto a sus amigas, deambular por bares y discotecas con una copa en la mano en busca de ese hombre que no las decepcione a la primera de cambio.

viernes, 22 de agosto de 2014

JUAN BELMONTE, MATADOR DE TOROS; SU VIDA Y SUS HAZAÑAS de Manuel Chaves Nogales.


Editorial: Renacimiento.
Fecha publicación: 2009.
Nº Páginas: 528.
Precio: 25,00 €
Género: Novela.
Edición: Tapa dura.
ISBN: 978-84-8472-455-1

Autor

Manuel Chaves Nogales nació en Sevilla en 1897. Se inició muy joven en el oficio de periodista, primero en su ciudad natal y más tarde en Madrid. Entre 1927 y 1937, alcanzó su cénit profesional escribiendo reportajes para los principales periódicos de la época, y ejerciendo, desde 1931, como director de Ahora, diario afín a Manuel Azaña de quien Chaves era reconocido partidario.

Al estallar la guerra civil se pone al servicio de la República y sigue trabajando como periodista hasta que el gobierno abandona definitivamente Madrid, momento en el que decide exiliarse en Francia. La llegada de los nazis, que describiría magistralmente en el ensayo La agonía de Francia, le obligó a huir a Londres, donde falleció a los 47 años. 

Es autor de una espléndida obra literaria, Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas, su obra más famosa, es considerada una de las mejores biografías jamás
escritas en castellano.

Sinopsis

Manuel Chaves Nogales, al elaborar este reportaje publicado en 1935, dejó modestamente que Juan Belmonte, con su primera persona, envolviera la totalidad de la obra. Pero el exilio de este periodista debido a sus ideas liberales y republicanas, y su temprana muerte en 1944, provocaron que se olvidasen sus obras. Por fortuna, la reedición de este título en 1969 permitió la recuperación de su figura, porque la fascinación producida de nuevo por su lectura amplió el abanico de interesados. Ya no fueron solo los aficionados a los toros los propagandistas de la belleza y encanto de sus páginas. 




[Información facilitada por la editorial]


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Hace muchísimo tiempo que no reseño algunos de los libros que he leído en mi club de lectura durante este año académico. Son varias las opiniones que se me han ido quedando atrás y no me gustaría que me ocurriera como el año pasado, que dejé cinco o seis libros pendientes de reseña. No sé si algún día, recuperando mis notas, me pondré a ello porque el tiempo habrá hecho de las suyas y muchas de mis sensaciones se habrán diluido.

Así que, antes de que eso ocurra, hoy traigo mi opinión sobre un libro escrito por un periodista insigne. Había oído hablar de Manuel Chaves Nogales infinidad de veces, de su buena labor como articulista, de su buena pluma pero, si no llega a ser por el club de lectura, aún no me habría acercado a su trabajo.

Entiendo que el título del libro y la temática puede echar para atrás a muchos lectores pero sirvan estas palabras para advertir que Juan Belmonte, matador de toros... no es un libro sobre tauromaquia propiamente. Al principio yo también pensé que no iba a disfrutarlo porque seguramente me iba a topar con un libro sobre el mundo taurino, una fiesta que ni venero ni desprecio. He asistido a la plaza en alguna que otra ocasión sin que haya vivido una experiencia inolvidable. En este sentido me declaro, por decirlo de alguna manera, «ataurina». Sin embargo, comencé a leerlo y cuál fue mi sorpresa cuando me sentí atraída por ese Juan Belmonte niño que se hace hombre, lleno de humildad y sencillez.

Se abre las puertas de esta plaza literaria a los sones de los clarines con una introducción interesante pero quizás demasiado larga y especialmente demasiado explícita que puede llegar a influenciar nuestra lectura por lo que aconsejo dejarla para los postres.

Manuel Chaves Nogales, un hombre que no sentía ningún tipo de atracción por el mundo de los toros, se entrevistó con Juan Belmonte para realizar un reportaje a esta figura del toreo de quien era amigo. De sus charlas nació este libro publicado inicialmente en 1935, en el que veremos a un Belmonte niño, asustadizo  y tímido que reculaba ante la grandeza del mundo a la par que sentía un gran poder de atracción del que después dejaría constancia en su pasión por la aventura. Su infancia transcurrió primero en la calle Ancha de la Feria, que para aquel chiquillo no era más que el reflejo del mundo, como «una síntesis perfecta del Universo». Cualquier cosa que existiera en la vida, tenía su reflejo en aquella calle del centro de Sevilla. 

A veces, Belmonte miraba la vida pasar desde un rincón, observaba a los niños de su entorno jugar y correr calle arriba y abajo mientras que él anhelaba formar parte de aquellas cuadrillas que desafiaban la vida. Pero su madre no quería que su hijo tuviera contacto con aquellos granujas de la calle. Mientras fue pequeño, estuvo a la sombra de su madre, pero  aquel niño crece, madura, asiste al colegio, se muda al barrio de Triana, tan importante para él y la vida comienza a darle cornadas. Las primeras con la muerte de su madre primero y de su padre después.

Siendo muy joven dejará el colegio para hacerse cargo de la quincallería que regentaba su padre en el mercado de Triana. El tiempo libre lo dedica a juntarse con los pícaros del barrio en la plaza del Altozano, foco de la tauromaquia trianera, pero Juan Belmonte era distinto. En su interior bullía algo más y gracias a tres amigos tipógrafos, se adentró en el mundo de la literatura.

«Devoraba kilos y kilos de folletines por entregas, cuadernos policíacos y novelas de aventuras. Los héroes del Capitán Salgari, Sherlock Holmes, Arsenio Lupin y Montbars el Pirata eran nuestra obsesión». [pág. 68]

Esos folletines los alternaba con el capote, colándose en las fincas a la otra orilla del Guadalquivir, para burlar a los guardias y echar el capote a los toros por la noche, con la única luz de la luna y desnudos porque, para no mojar la ropa, la dejaban en la orilla antes de adentrarse en las aguas del río o bien cruzaban con ella metida en un hatillo sobre la cabeza. 

Chaves Nogales nos permite conocer lo que era torear para Juan Belmonte, aquel que distinguía entre los toreros y los torerillos. Había un abismo entre unos y otros. Los torerillos como él se curtían en la calle, toreando a oscuras, a la espera de alguna oportunidad. Los toreros disfrutaban de la venia de los señoritos de Sevilla, a los que distraían en los tentaderos. Él se autodenominaba un anarquista de la torería. 


«A medida que me entusiasmaba con el toreo, sentía mayor antipatía por el tipo clásico del mocito torero. Yo no sabía entonces si aquella repugnancia mía por la torería castiza era sencillamente una reacción elemental de orgullo determinada por el desairado papel que hacía entre aquellos aficionados presuntuosos, que ni siquiera se dignaban mirarme, o si realmente respondía a una convicción revolucionaria que me llevaba a combatir desde el primer momento los convencionalismos del arte de torear. [...] En la liturgia de los toros yo sería siempre el último monaguillo. En cambio, me veía en condiciones de ser el depositario de una verdad relevada». [pág. 99-100]

Los años pasan, Belmonte crece y se afianza cada vez más en el arte del toreo. En 1910 mata su primer toro, comienzan a contratarlo para algunas corridas, con sus éxitos y sus fracasos, pero siguió en la brecha y vinieron las heridas por asta de toro y el éxito, y el dinero, y las mujeres, y los viajes al extranjero, y las multitudes que lo alababan y que llegaron a fatigarlo. De la lectura de este libro el lector desprende que Belmonte se vio sobrepasado por la fama y que él jamás olvidó Sevilla, ni la plaza del Altozano, ni a aquellos torerillos que seguramente, mientras él estaba en París, en Nueva York, en La Habana o en México, se seguían reuniendo donde hoy nos mira impasible desde un busto de bronce situado en dicha plaza, para hablar de sus faenas, de sus pases, de sus triunfos. 



[Juan Belmonte habla de su infancia y sus inicios en el toreo]

Creo que ahí radica la belleza de Juan Belmonte como persona, en que él era un hombre sencillo que su profesión, en la que volcaba su personalidad, lo hizo subir a la cima y conquistar el mundo. Pero me da la sensación de que todo ese pasmo (fue conocido como el Pasmo de Triana por el riesgo que asumía en la lidia), que él levantó, todo el revuelo que él provocó, estaba de más para él. 

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