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viernes, 22 de septiembre de 2017

ANDAR SIN RUIDO de Carlos Frontera.

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Editorial: Páginas de Espuma.
Fecha publicación: septiembre, 2017
 Precio: 15,00 €
Género: Cuentos.
Nª Páginas: 160
Edición: Tapa  blanda con solapas.
ISBN: 978-84-8393-221-6
[Disponible en eBook;
puedes empezar a leer aquí]

Autor


Carlos Frontera nació en 1973 y vive en Sevilla. Andar sin ruido es su primer libro de cuentos

Sinopsis

En los buenos cuentos, como en la vida, los silencios importan y definen y lo condicionan todo: el silencio de una novia cuando abandona a su pareja; el de un objeto que está a punto de estrellarse contra el suelo y se detiene de pronto; el de una risa en la cocina que ha dejado de oírse; el de unos pies que avanzan de puntillas; el de un salón con todos los muebles pegados contra la pared; el silencio que sigue a ciertas palabras que, nunca, nadie (ni un niño, ni un adulto) debería escuchar ni haber escuchado. Jamás. Jamás. 

Con su primer libro, armado con una maestría sorprendente para manejar ese silencio y la profundidad de las historias que narra, Carlos Frontera retrata en Andar sin ruido –con un estilo incisivo y rotundo, pero al tiempo hilarante en el que hasta una onomatopeya es capaz de desencadenar la catástrofe– el vacío que queda cuando no queda nada que decir, el ruido que provoca algo que se rompe, lo que queremos incluso cuando dejamos de querernos.
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Justo el martes pasado publicaba la entrevista con Carlos Frontera (puedes leerla aquí), un reciente fichaje de la editorial Páginas de Espuma que siempre apuesta por el género del cuento en toda su expansión, desde la concepción más clasista a aquella más rompedora e innovadora, y que nos está permitiendo descubrir nuevos horizontes.

Confieso que yo he sido siempre una lectora de relatos y cuentos clásicos. Me refiero a esas historias breves que indagan en la realidad más cercana y conocida, con una estructura encorsetada y unas pautas concretas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, he podido ir descubriendo otras miradas y otra forma de escribir o contar un cuento, una manera mucho más abierta, más arriesgada, más caótica, más surrealista, mucho más libre pero igual de efectiva. Porque si lo que se pretende es llegar al lector de algún modo, provocarle alguna sensación, sea del tipo que sea, hay un amplio abanico de cuentistas en estos momentos que lo consiguen. Carlos Frontera y su Andar sin ruido, es uno de ellos. 

«Nunca pasa nada hasta que pasa». Tras esta sencilla y a la vez realista cita de la madre del autor, nos vamos a adentrar en un volumen de diecisiete cuentos con diversas temáticas que en ningún caso se alejan de la peculiar visión de Frontera. Estamos ante unos cuentos en los que se explora con ahínco. Admito que he disfrutado mucho de esos relatos en los que el autor casi se convierte en el psicólogo de sus personajes. Son textos con una intención curiosa por analizar las reacciones del ser humano, por escarbar en su psique y mostrarnos cómo son en realidad sus protagonistas, cómo podemos llegar a ser nosotros mismos.

Impactan esas historias desarrolladas en situaciones domésticas, que nos resultan familiares, pero que introducen algún elemento extraño, raro, sobrecogedor, algo que nos perturba y nos saca de nuestra zona de confort. A su vez, no descarta bucear en lo fantástico, en lo surrealista para hacernos partícipe de algún cuento en el que termina por lanzarnos a la cara un final inesperado que mejora aún más la historia. En Transparente y no acierta de lleno porque, tras un relato algo rocambolesco en el que sus protagonistas inundan su hogar de ruidos y voces para huir del silencio amenazante de un objeto perturbador, nos topamos en una milésima de segundo con un desenlace que rompe el suspense de la historia para, en su lugar, arrancarnos una sonrisa. 

Y es que Carlos Frontera juega, y mucho. Lo percibo como un niño travieso que no para quieto y al que le encanta cambiar las cosas de sitio, invertir términos, ponerse en el lugar del menos apropiado, apretar más las tuercas, rizar el rizo,... En definitiva, ofrecernos otra perspectiva. A Carlos Frontera no le importa que alguno de sus cuentos provoque dentera al lector. No se limita al lado bonito de las emociones. Para él es igualmente válido el asco, el repelús o el escalofrío. Lo consigue en Todas las familias felices donde unos hijos tienen que pasar por una especie de rito de iniciación que os pondrá la piel de gallina, y esto, nunca mejor dicho, o en Piel muerta donde su protagonista intenta retener a la amada coleccionando restos de su piel.

Pero ojo. Más allá de esas situaciones quea simple vista, podrían resultar extrañas, hay que excavar y encontraremos entonces que bajo la mirada inocente de la infancia puede esconderse un caso de malos tratos y de venganza. O que el dolor de una hija se trasforma en una rabia ácida que solo puede arrancar de su interior de un modo escatológico. O bien sucumbiremos ante una declaración de amor colmada de poesía. No son cuentos para quedarnos en la superficie. No pretende Carlos Frontera hacer el trabajo del lector. El autor nos deja una puerta abierta para que asomemos nuestra cabeza y miremos con nuestros propios ojos.  

Y todo ello lo hace desde una primera persona, porque decide que sean los propios protagonistas de sus cuentos los que nos hablen para que así podamos conocerlos de manera más íntima. Y se mete en el cuerpo de un hombre, o de una mujer. Incluso se vestirá con la piel de una niña que, con su inocencia no ve más allá de lo que figura ante sus ojos, una niña con un discurso de niña, con una mente de niña, con un comportamiento de niña, y tras la cual el autor, ese creador supremo, se evapora, desaparece del escenario y solo la veremos a ella, a esa niña intentando entender un mundo de adultos.

Carlos Frontera apuesta fuerte y con valentía en Andar sin ruido. Por supuesto, habrá cuentos que te impacten más que otros, que te gusten más que otros, -yo también tengo mis preferidos-, pero todos, absolutamente todos te provocarán alguna reacción y eso es lo que pretende precisamente el autor, quien asegura que, para escribir estas historias se ha dejado llevar, sin pensar demasiado el camino que debe recorrer. Por eso el primer sorprendido es él y los lectores con él.

Así pues, si no te da miedo experimentar y probar cosas nuevas aquí tienes una magnífica oportunidad para acercarte a otra manera de escribir, una manera que se aleja de las ataduras, que son el fruto de imágenes o frases que en su momento impresionaron al autor y terminó por transformar en cuento. A mí me han noqueado y algunos de ellos no los olvidaré fácilmente.



[Algunas imágenes e ilustraciones tomadas de Google]


Retos:

- Autores de la A a la Z
- 25 Españoles
- 100 libros



Puedes adquirirlo aquí:

miércoles, 20 de septiembre de 2017

SECUESTRO (THRILLER - 2016).


Año: 2016

Nacionalidad: Española

Director: Mar Targarona.

Reparto: Blanca Portillo, Antonio Dechent, José Coronado, Andrés Herrera, Macarena Gómez, Marc Domenech, Vicente Romero, Nausicaa Bonnín, Josep Maria Pou, Ramón Fontseré.

Género: Thriller.

Sinopsis: Patricia es abogada que ve su vida trastornada cuando su hijo Victor desaparece del colegio. Cuando el niño regresa a casa, asegura que un hombre ha intentado secuestrarlo y lo reconoce en una rueda de identificación. Pero como las pruebas no son definitivas, el sospechoso queda en libertad. Temerosa de que algo pueda pasarle a su hijo, Patricia decide quebrantar sus principios y tomarse la justicia por su mano, lo que acabará teniendo consecuencias imprevisibles. 

[Información facilitada por Filmaffinity]


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A pesar de que intento estar al corriente del cine patrio, confieso que Secuestro se me había escurrido de las manos, algo extraño teniendo en cuenta que el reparto está compuesto por sonados nombres del panorama cinematográfico. En principio, el argumento me parecía interesante pero lo que más me llamaba la atención era la participación de José Coronado y Blanca Portillo, al margen de la presencia de Antonio Dechent, quien, curiosidades de la vida, reside muy cerca de mí y suelo cruzármelo por la calle. Con estos alicientes me animé a ver Secuestro. El resultado ha sido algo agridulce.

Las secuencias iniciales de Secuestro nos muestra a un niño de unos diez años caminando desorientado por lo que parece un bosque. Viste un uniforme colegial y lleva la cara y la ropa ensangrentada. Instantes después un coche se cruza con él, lo recoge y lo traslada a un hospital. 

Estando ya hospitalizado, el policía Ernesto Requena (Antonio Dechent) y su ayudante Carreño (Vicente Romero) intentan averiguar la identidad del pequeño pero nadie ha denunciado su desaparición y el niño no pronuncia palabra. Nadie sabe lo que le ha ocurrido.

Cambio de secuencia. En la sala de un juzgado se dicta sentencia. El imputado sale libre. Lo defiende Patricia de Lucas (Blanca Portillo), una abogada éxito, pieza clave de un importante bufete, una mujer elegante, segura, controladora que resulta ser la madre del pequeño. Tras su localización, Patricia se dirige al hospital. Allí comunica a los policías que su hijo es sordo de nacimiento pero puede hablar aunque le cueste pronunciar. Los audífonos le ayudan a comunicarse pero el niño ha llegado al hospital sin ellos. En presencia de la madre, y más tranquilo, el pequeño declara que antes de entrar en el colegio un hombre lo atacó y se lo llevó a una casa medio abandonada de donde consiguió escapar. La policía inicia la investigación gracias a un retrato robot que señala a Charlie, un delincuente de poca monta como principal sospechoso. Interrogatorios, cruce de acusaciones, amenazas, chantajes y extorsión son los ingredientes de una historia que obligará a Patricia a echar mano de todos sus contactos para no dejar impune la agresión a su hijo. La cosa se complicará muchísimo mostrando la corrupción de la justicia, de las fuerzas del orden y esa lacra en los colegios de la que tanto se habla.

Desde el punto de vista de la trama, Secuestro va de menos a más. Creo que el planteamiento inicial es algo flojo, sin enganchar excesivamente, manteniendo la tensión a un nivel muy discreto. Temí que el resto del metraje fuera así de suave pero lo cierto es que la historia cobra fuerza hacia el ecuador del largometraje. Los acontecimientos toman un giro mucho más interesante, se precipitan, provocan que los protagonistas cometan errores y tengan que huir sin mirar atrás. Aún así, no me ha parecido que la película tenga una acción frenética que coloque al espectador en posición erguida, que lo tense en su asiento temiendo el golpe de gracia que deje al malo en el sitio. Y aunque es verdad que la película mejora con el paso de los minutos, me ha dejado mal sabor de boca el comprobar que se recurre a los tópicos. Esa madre de éxito, con poder económico, social y laboral, que protege a su cachorro por encima de todas las cosas, que se toma la justicia por su cuenta y que está acostumbrada a resolverlo todo con dinero. Tampoco me agrada comprobar que se recurra a las noches lluviosas y tormentosas para generar una tensión que debería aportar por sí misma la historia. Y a ello hay que unirle que las conclusiones a las que se llega con facilidad no resultan convincentes como tampoco es agradable encontrar escenas que no se explican. 

Por otra parte, o precisamente por acudir a los clichés, el personaje de Patricia de Lucas cae gordo desde el principio. Por mucha discapacidad que tenga su hijo no hay naturalidad en el trato entre madre e hijo. Me parece una relación demasiada almibarada con un niño de diez años. No ayuda que Blanca Portillo no ponga toda la carne en el asador y otorgue a su personaje una pose algo impostada. Porque si bien es cierto que la altivez del personaje la borda, luego se viene abajo en las distancias cortas. Bajo mi punto de vista su interpretación fluctúa. 



José Coronado interpreta a una ex pareja de Patricia. Su aparición es más tardía aunque tiene es un personaje importante en la trama. Me gusta el actor pero su papel, con escasas apariciones, no lo deja lucirse. 

martes, 19 de septiembre de 2017

ENTREVISTA a CARLOS FRONTERA (Andar sin ruido).

Autor
 
Carlos Frontera nació en 1973 y vive en Sevilla. Andar sin ruido es su primer libro de cuentos.




http://paginasdeespuma.com/wp-content/files_mf/15015135759788483932216_04_h.jpgSinopsis

En los buenos cuentos, como en la vida, los silencios importan y definen y lo condicionan todo: el silencio de una novia cuando abandona a su pareja; el de un objeto que está a punto de estrellarse contra el suelo y se detiene de pronto; el de una risa en la cocina que ha dejado de oírse; el de unos pies que avanzan de puntillas; el de un salón con todos los muebles pegados contra la pared; el silencio que sigue a ciertas palabras que, nunca, nadie (ni un niño, ni un adulto) debería escuchar ni haber escuchado. Jamás. Jamás. 

Con su primer libro, armado con una maestría sorprendente para manejar ese silencio y la profundidad de las historias que narra, Carlos Frontera retrata en Andar sin ruido –con un estilo incisivo y rotundo, pero al tiempo hilarante en el que hasta una onomatopeya es capaz de desencadenar la catástrofe– el vacío que queda cuando no queda nada que decir, el ruido que provoca algo que se rompe, lo que queremos incluso cuando dejamos de querernos.
[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Inicio el segundo ciclo de entrevistas del año con Carlos Frontera, un autor afincado en Sevilla, escritor antiguo pero de reciente publicación que se adentra en ese género que yo tanto disfruto y que está revolucionando mis lecturas. Carlos Frontera nos hace una propuesta arriesgada y valiente con su Andar sin ruido, donde diecisiete cuentos te harán mirar de soslayo el volumen, calibrando si el autor habla en serio o bien se está burlando de nosotros pero no, Frontera habla en serio, muy en serio, y lo hace con una apuesta que no te dejará indiferente provocándote sorpresa, conmoción, asco, perplejidad, ternura, empatía,... Todo un abanico de emociones en las que, paradójicamente, no hay frontera.  Aquí os dejo lo que el autor nos contó.

Marisa G.- Carlos, en la biografía que incorpora el libro tan solo encontramos tres líneas para definirte pero me gustaría saber más de ti. ¿Quién es Carlos y cómo llega a la literatura?

Carlos F.- Tres líneas para definirme porque mi currículo literario básicamente es nulo aunque llevo escribiendo unos veinte años. Siempre me ha gustado mucho escribir. A veces por pura necesidad y otras por diversión pero nunca tuve la pulsión de publicar. Tenía miedo. Al leer mucho te comparas con esos grandes libros y claro, ni siquiera te planteas publicar lo tuyo.

M.G.- ¿Y cómo dejas el miedo atrás?

C.F.- Dos ex parejas me animaron mucho y me ayudaron a superarlo. Además de compartir vida leían algunos textos que yo escribía, es parte de los sacrificios por amor (risas). Y concretamente una de ellas me regaló una inscripción a un taller literario avanzado en el que los alumnos ya asistían con textos escritos. En el taller se revisaban esos textos y se orientaba a los alumnos. Así que, con ese regalo y mis cuentos bajo el brazo no tenía otra. El taller me permitió todo un año de correcciones.

M.G.- Entonces, ¿los talleres son útiles?

C.F.- Sí. De hecho yo también imparto un taller en la librería Casa Tomada. Creo que son útiles incluso desde el punto de vista de la orientación lectora. A veces andamos muy perdidos sobre qué libros leer. No sabemos muy bien encontrar a autores buenos y si nos limitamos a suplementos culturales, solo tenemos acceso a unos cuantos porque casi todos repiten las mismas recomendaciones. Creo que la orientación en la lectura es lo más importante para poder luego escribir bien.

M.G.- ¿Estamos ante un primer libro en general o ante un primer libro de cuentos en particular? 

C.F.- Estamos ante un primer libro en general. De joven escribí un par de novelas. 

M.G.- ¿Publicadas?

C.F.- No, no, ¡y menos mal! Las escribí para mí. Me moriría de vergüenza si salieran a la luz. Lo malo es que alguna pareja de aquella época puede tener una copia y me puede chantajear algún día. (Risas)

Yo escribo fundamentalmente cuentos. Es donde más cómodo me encuentro tanto a la hora de escribir como a la hora de leer. 

M.G.- Siempre les pregunto a todos los autores de Páginas de Espuma por qué escriben cuentos. Me interesa la perspectiva que cada uno de ellos me ofrece sobre el género, sobre el que, y esto también lo digo siempre, hay mucha reticencia entre el público lector.

C.F.- La dificultad que tiene el cuento a la hora de encontrar lectores es que requiere más implicación que la novela. Los cuentos ofrecen un momento muy concreto de la vida de unos personajes en el que se produce cierta transformación. Por normal general no se sabe lo que ha ocurrido antes y tampoco lo que va a ocurrir después, por eso implica un mayor esfuerzo por parte del lector. En la novela prácticamente te lo dan todo hecho.

M.G.-  Andar sin ruido cuenta con diecisiete cuentos en total que no van a dejar indiferente ni por temática, ni por personajes, ni por estilo. Carlos, ¿de dónde salen las ideas para desarrollar estos cuentos?

C.F.- Las ideas... Tú lo que quieres preguntarme es si estoy loco, ¿no? (Risas)

M.G.- (Risas) Hombre loco no pero tienes que reconocer que son muy peculiares.

C.F.- Sí. Mira, hace años solo me ponía a escribir cuando tenía todo el cuento desarrollado en la cabeza. Pero llegó un momento en el que me parecieron historias muy impostadas, no las sentía como mías y tenían algo que me producía cierto alejamiento. Pero empecé a escribir de otra forma diferente. A veces se me suele presentar una imagen en la cabeza o alguna frase y si transcurren varias semanas y continúan dentro de mi cabeza, eso quiere decir que tienen suficiente fuerza como para intentar convertirla en narración. Partiendo de esa imagen que me llamó la atención o de esa frase, me pongo a escribir de manera automática.

M.G.- Sin saber por dónde vas a coger.

C.F.- Eso es. Escribiendo así es cierto que salen cosas que me sorprenden hasta a mí mismo. 

M.G.- Pero ¿te ha pasado alguna vez que escribiendo un cuento has pensado que se te hay ido la pinza?

C.F.- Sí, sí, sí. Es que además, con esta forma de escribir, salen muchas cosas que son auténticas idas de olla, que no llegan a ningún lado. Pero son idas de olla que hay que trabajar un montón para luego transformarlas en cuento. Al escribir de esta forma tan alocada, lo primero que sale son cosas que no tienen ni pies ni cabeza.

M.G.- Tus cuentos son muy dispares. Algunos rozan lo macabro, tocas el humor, hay venganza, fantasía pero, si tuvieras que describir tus cuentos, ¿qué dirías? ¿Cómo definirías el tipo de cuento que tú escribes?

C.F.- Uf, buena pregunta. La verdad es que nunca me lo he planteado. Lo que sí me interesa es escribir un cuento que provoque algún tipo de reacción en el lector, desconcierto, repugnancia, risa,... Lo que sea.

M.G.- Y que esas sensaciones perduren en el lector con el paso del tiempo.

C.F.- Exacto. Es como cuando te reúnes con tus amigos y compartes con ellos las historias más pintorescas o que tengan un rasgo peculiar, llamativo. Son historias que luego compartes con otras personas y esas personas con otras.

M.G.-  Pues yo tengo mis cuentos preferidos. Me encanta Acto de amor, porque me ha parecido muy poético, y Transparente y no, que tiene un final fantástico. Pero vamos a hablar de esos otros que me han noqueado por esa imagen que quieres proyectar. Por ejemplo, ¿qué intención hay detrás de Una ligera sensación de puaj?

C.F.- Ese cuento me costó mucho escribirlo porque lo pasé muy mal.  Nació a raíz de una de esas imágenes que te comento, de la imagen de una mujer durmiendo con la cabeza metida dentro de un horno pero no para suicidarse. Me puse a escribir con esa imagen que persistía y no me abandonaba, y fue casi una escritura automática aunque con dolor porque me costaba contar lo que estaba contando. Desde primer momento surgió la voz de esa mujer como desesperada, alocada,... Posteriormente, una vez escrito, una ex pareja me dijo que en ese cuento había adelantado algo que luego ocurrió en nuestra relación. No te voy a comentar qué porque es algo que pertenece a la intimidad pero me resultó muy sorprendente.

M.G.-  Ah... Es curioso.

C.F.- Es que al practicar este tipo de escritura sueltas muchas cosas internas de las que ni siquiera eres consciente. 

M.G.- Entiendo. El primer cuento se llama Las novias cuando nos dejan y fíjate, yo que soy mujer, me he sentido identificada con el protagonista que es un hombre. Este cuento es como un estudio antropológico de las relaciones humanas. He detectado en este cuento mucha observación.

C.F.- Me gusta observar y observarme, fijarme en las reacciones que tenemos en momentos límites. Me gusta comprobar nuestros comportamientos dentro del propio hogar porque es entre las cuatro paredes de nuestra casa donde somos más auténticos, lo más tierno que podemos ser pero también lo más cruel.

En este cuento en concreto me centro en el momento en el que una relación sentimental se ha roto y si te digo la verdad me da un poco de temor el protagonista. En el fondo todos somos como él, que queremos tener las cosas bajo control cuando nos ocurre algo duro, queremos ser dueños de nuestros sentimientos, pero en realidad somos frágiles y sensibles y las circunstancias terminan por superarnos que es lo que le pasa al protagonista de este cuento.

M.G.-  Y has comentado hace un momento que tus cuentos pueden llegar a producir también cierta repugnancia, una sensación tan válida como otra cualquier. Se me ha venido a la cabeza ese cuento en el que el protagonista se dedica a recopilar la piel muerta de la amada. Ese da un poquito de repelús.

C.F.- Pues sí pero, a pesar de que puedas pensar que el protagonista es macabro o un psicópata, me pareció una imagen hasta bonita. Ese personaje se dedica a coleccionar los pedazos de piel de los que se desprende su amada para, de algún modo, seguir queriéndola, seguir manteniéndola a su lado, aunque sin ella dentro.

M.G.- ¿Y hay mucho de vivencias personales? Te lo digo porque hay cuentos con un sutil toque de costumbrismo al echar mano de esos objetos que eran tan comunes en nuestra infancia, por ejemplo, ese cenicero típico de Duralex que había en todas las casas, de color ámbar o verde.



C.F.- Exactamente (risas). Fueras a la casa que fueras siempre había un cenicero como aquel. Con ese tipo de objeto me pasa como con algunas palabras. Hay objetos y palabras que nos remiten directamente a un recuerdo o a una sensación. Si piensas en un cenicero como ese inmediatamente se te vienen a la mente muchas vivencias de tu infancia. Son objetos generacionales que tienen mucha fuerza, una potencia tremenda que hay que aprovechar para que te enfrentes  a la lectura de ese cuento con una predisposición concreta.

M.G.-  Y todos estos cuentos están escritos en primera persona cuando se dice que es mucho más complicado que usar una tercera.

C.F.- A mí me gusta mucho la primera persona porque permite vislumbrar claramente la personalidad del protagonista. Por medio de expresiones que utilice, se puede conocer mucho al personaje, en qué centra la atención. Creo que es una voz muy poderosa y por eso la prefiero.

M.G.- Pero es una primera persona que lo mismo refleja la voz de un hombre, de una mujer o de un niño. Me gusta mucho cómo te metes en la piel de los protagonistas niños porque llegas a transmitir su inocencia, la inmadurez... He sentido cómo la niña protagonista de uno de los cuentos se dirigía a mí.

C.F.- Me alegra saberlo porque me costó muchísimo conseguir la voz de la niña. Había una primera versión de ese cuento con un montón de expresiones que no podían estar en boca de una niña y tuve que pulir mucho la historia. 

M.G.- Y es que además retratas muy bien cómo se expresa un niño. Hay muchas repeticiones.

«Menos mal que en casa tenemos un esqueleto y así es más fácil, hay una colección de huesos en la silla del comedor, y esa colección de huesos es papá. El esqueleto de papá». [Andar sin ruido, pág. 44]

C.F.- Eso está hecho a propósito claro. Los niños cuando nos cuentan algo se repiten mucho e incluso ofrecen un discurso con un montón de digresiones. He intentado reflejar esa forma que tienen de hablar.

M.G.- De todos modos, y no sé si son cosas mías, hay algunos cuentos en los que los protagonistas adultos también se repiten. No sé si en un intento de afirmarse en sus opiniones o pensamientos.

C.F.- Muchos de los personajes de mis cuentos son muy inseguros, como yo, y por eso cuando toman una decisión, se vuelven a replantear una y otra vez, si lo que han decidido es correcto o no. Dan un paso hacia delante y reculan al momento.

M.G.- Es como si necesitaran convencerse a sí mismos.

C.F.- Quería que los personajes tuvieran ese rasgo de humanidad. Que no fueran héroes de películas que tienen clarísimo lo que quieren hacer.

lunes, 18 de septiembre de 2017

MALDAD de Tammy Cohen.

 Editorial: Ediciones B.
Fecha publicación: septiembre, 2017
 Precio: 17,50 €
Género: Thriller.
Nª Páginas: 400
Edición: Tapa dura
ISBN: 9788466661423
[Disponible en eBook]


Autora

Tammy Cohen es periodista freelance. Sus inicios en la ficción fueron tardíos, pero ahora tiene en su haber una larga lista de aclamados títulos que no hace más que crecer. Vive en el norte de Londres con su pareja y tres hijos casi adultos, además de un perro muy poco obediente.

Sinopsis 

¿Ves a tus compañeros de trabajo todos los días.
Pero... ¿qué es lo que no estás viendo?

En la oficina todos saben que a Charlie le gusta tomar el café con mucho azúcar, que a Sarah sus hijos no la dejan dormir por las noches, que a Amira el sueldo no le alcanza, o que a la chica nueva, Chloe, se le ilumina la cara cada vez que ve a Ewan.

Llevan años trabajando juntos, toman gin-tonics al salir de la oficina y están acostumbrados a cubrirse las espaldas los unos a los otros. Pero su confortable rutina se rompe cuando aparece una nueva jefa, agresiva y manipuladora... Entonces, las reglas del juego cambian.

¿Quién odia a todos en secreto?

¿Quién carga con un pasado que le tortura?

¿Quién es capaz de cometer un asesinato?


[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]

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El pasado 6 de septiembre salía a la venta Maldad de Tammy Cohen, una novela que muchos de nosotros hemos podido leer antes de su lanzamiento y de la que últimamente han ido saliendo numerosas reseñas. De entrada me llamó la atención la sinopsis de este libro porque, hoy en día pasamos más tiempo con nuestros compañeros de trabajo que con nuestras propias familias y por muchos años que pasen, no siempre terminas por conocer qué tipo de persona es la que se sienta a tu lado en el despacho, de ahí que sintiera muchas ganas de leer esta historia y tras hacerlo, solo puedo decir que he disfrutado mucho. La he devorado en dos sentadas.

Maldad se construye sobre dos hilos argumentales. Uno de ellos transcurre en Estados Unidos y tiene como protagonista a Anne Cater, una doctora en psiquiatría, especialista en niños que han sufrido algún trauma. Una mañana recibe un mensaje de una compañera de trabajo, animándola a ver las noticias en la BBC. Las imágenes que muestra el televisor la paralizan. Se habla de un asesinato cometido en Londres  y Anne conoce de sobra quién está detrás de ese luctuoso hecho. Inmediatamente su mente regresará al pasado, a una investigación que realizó cuando era becaria bajo el mando del doctor Ed Kowalsky. Durante un tiempo tuvieron que evaluar a dos niños pequeños, Laurie y David, de los que el Estado se había hecho cargo tras descubrirse que habían sido víctimas de una situación violenta dentro del seno familiar. Tras el arresto y el encarcelamiento de los padres, se hacía  necesario comprobar qué daños psíquicos presentaban los pequeños para enmendar todo el mal que sus padres le habían hecho y buscarles familias de adopción. Aquella historia parece haber quedado en el pasado pero ahora vuelve al presente con más virulencia.


Resultado de imagen de niño encerrado en una jaula

Por otra parte, los empleados de la empresa londinense de contratación de personalMark Hamilton Recruitment, andan sumamente alterados. Acaban de despedir a su jefa, Gill que ha sido sustituída por Rachel Masters. El cambio no siente bien al departamento formado por un total de seis personas. Paula, asistente y mano derecha de Gill, es la más veterana de todos. Tiene 55 años, está separada de Ian aunque aun comparte techo con él y es madre de dos hijos mayores, Amy y Cam.  Es una mujer un tanto retraída pero leal. A pesar de parecer vivir en su propio mundo, no le importa dar la cara por los demás en un  momento dado.

Ewan tiene 28 años. Es un guaperas y en cuando ve aparecer a Rachel por la puerta siente que las oportunidades se abren a su paso.

Amira está casada con Tom. No tienen hijos ni tampoco se los pueden permitir. Están hipotecados hasta las cejas y viven únicamente para pagar deudas.

Sarah está casada con Oliver y es madre de dos niños. Su vida es un completo caos porque jamás tiene tiempo para absolutamente nada, por lo que es usual que llegue tarde al trabajo.

Chloe, es la más joven del equipo pues solo tiene 24 años. Entró como becaria hasta que Gill le ofreció un puesto fijo. Es una joven atractiva que se siente totalmente atraída por Ewan pero la relación entre ambos es desigual.

Por último, Charlie vive una relación amorosa complicada. Su pareja Stefan ni busca ni necesita lo que él y Charlie sufre mucho. Se siente un cero a la izquierda. 

Cada uno de estos personajes arrastra una carga personal que ralentiza y repercute en lo laboral. Mientras tenían a Gill como jefa, una mujer comprensiva y tolerante, todo iba bien pero la entrada en escena de Rachel lo trastoca todo. Rachel es una mujer exigente y poco amigable. Su misión es enderezar el departamento y obtener el máximo rendimiento y para ello someterá al equipo a mucha presión. La nueva jefa se mostrará como una auténtica tirana que no deja escapar ni una por lo que los empleados comienzan a cometer graves e incompresibles errores que solo contribuyen a que el ambiente se caldee aún más cuando el aire de la oficina ya está enrarecido de por sí. Rachel es una manipuladora que rompe completamente la cohesión del grupo, usa a los empleados, los coloca en situaciones comprometidas, genera mal rollo entre ellos, mete cizaña e incita a traicionarse los unos a los otros. En la oficina estalla una guerra fría en la que unos se ponen la zancadilla a los otros. 

Pero, ¿qué tiene que ver un hilo argumental con otro? Desde primer momento sabremos que todo tiene que ver con Laurie y David, aquellos dos niños que Anne Cater estuvo tratando en el pasado. Han transcurrido muchos años y esos niños ya son adultos hoy pero ¿quiénes son realmente? Eso es lo que el lector tendrá que averiguar. y como suele ser habitual en este tipo de historias, la autora jugará al despiste con nosotros,  algo que a mí me encanta encontrar en una novela. Disfruto mucho cuando entra en juego la intuición del lector. Tammy Cohen nos dará pistas falsas, nos conducirá por caminos que giran bruscamente, cambiaremos nuevamente de rumbo intentando averiguar quién es el malo de esta historia. Un acertijo sumamente divertido de resolver.

viernes, 15 de septiembre de 2017

SOLES NEGROS de Ignacio del Valle.

megustaleer - Soles negros (Capitán Arturo Andrade 4) - Ignacio del Valle

Editorial: Alfaguara.
Fecha publicación: febrero, 2017
 Precio: 18,90 €
Género: Novela negra.
Nª Páginas: 368
Edición: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788420416465
[Disponible en eBook,
puedes empezar a leer aquí]

Autor


Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) vive en Madrid. Es autor de la serie de suspense histórico protagonizada por Arturo Andrade y formada por El arte de matar dragones (2003; Alfaguara, 2016. Premio Felipe Trigo), El tiempo de los emperadores extraños (Alfaguara, 2006; Premio Violeta Negra del Festival de Toulouse 2011, Premio de la Crítica de Asturias 2007, mención especial del Premio Dashiell Hammett 2007, Premio Libros con Huella 2006), que fue llevada al cine por Gerardo Herrero (Silencio en la nieve, película con Juan Diego Botto y Carmelo Gómez estrenada en 2012), Los demonios de Berlín (Alfaguara, 2009; Premio de la Crítica de Asturias 2010) y Soles negros (Alfaguara, 2016); de las novelas De donde vienen las olas (1999; Premio Salvador García Aguilar), El abrazo del boxeador (2001; Premio Asturias Joven), Cómo el amor no transformó el mundo (2005) y Busca mi rostro (2012), y del libro de relatos Caminando sobre las aguas (2013). Además de los galardones mencionados, tiene en su haber más de cuarenta premios de relato a nivel nacional y sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Escribe columnas de opinión en los diarios El Comercio de Gijón y Panamá América y colabora en el suplemento El Viajero de El País, entre otras publicaciones. Dirige la sección cultural «Afinando los sentidos» en Onda Cero Radio.

Sinopsis


«La muerte. La muerte no era solo un cuerpo sin vida, sino un lenguaje con su propio alfabeto, y para eso se encontraba allí, para descifrarlo, para escuchar lo que ella tenía que susurrarles.»


El capitán Arturo Andrade, miembro del SIAEM (Sección de Información del Alto Estado Mayor), es destinado a Pueblo Adentro, una aldea a pocos kilómetros de su Badajoz natal y centro de la resistencia anarquista extremeña. Incapaz de hacer las paces con los demonios del pasado, tendrá que investigar el misterioso asesinato de una niña. Pero el cadáver de la pequeña no es más que la punta del iceberg que lleva a las más altas esferas del régimen, en el que trabajan hombres dispuestos a todo para cumplir los peculiares deseos de algunos poderosos.

Andrade y su amigo Manolete, antiguo compañero de armas en la División Azul, cruzarán sus caminos con el honor del anarquista Ventura Rodríguez y de su familia, en una carrera contrarreloj para salvar la vida de una niña desaparecida y descubrir la verdad.

[Biografía y sinopsis tomadas directamente del ejemplar]


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Hace algunos años asistía a un club de lectura dirigido por una escritora conocida entre los círculos literarios de mi ciudad. Aquella mujer insistía fervorosamente en que en su club solo se leería literatura y nada más, pues alegaba que hoy en día se catalogaba como tal cualquier libro que se publicara. Un sacrilegio. Incidía tanto la mujer en tal distinción que yo salí de aquellas reuniones con una idea bastante nítida y clara de lo que era una lectura de envergadura y lo que era una de evasión. Por supuesto, con esta apreciación no pretendo desprestigiar ninguna obra pues yo soy asidua consumidora de novelas livianas que entretienen y que me gusta alternar con otras de mucho más calado.

Pues bien, toda esta disertación y reflexión me ha ido acompañando a lo largo de la lectura de Soles negros, la última publicación del autor ovetense Ignacio del Valle a quién tuve el placer de conocer en la última Feria del Libro de Madrid gracias a un amigo común. Y es que, efectivamente, Soles negros sería una de esas novelas que la coordinadora del club incluiría bajo la etiqueta de literatura. 

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Con esta novela Ignacio del Valle nos ofrece un nuevo caso del capitán Arturo Andrade, un personaje que el autor creó en 2003 cuando escribió y publicó El arte de matar dragones. A esta le siguieron El tiempo de los emperadores extraños (2006), adaptada al cine en 2011 por el director Gerardo Herrero, bajo el título Silencio en la nieve e interpretada por Juan Diego Botto y Carmelo Gómez. El tercer caso de Andrade llegó con Los demonios de Berlín en 2009. Si esto te hace pensar que resulta del todo indispensable leer la saga completa para disfrutar de Soles negros te diré que no es así. Sin haber leído las anteriores, he podido leer esta novela sin problema pues son casos independientes que nada tienen que ver uno con otro. En cualquier caso, es verdad que es más conveniente conocer al personaje desde sus orígenes, pues en los casos anteriores ha pasado por diversas vicisitudes que han hecho mella en él y todas sus vivencias repercuten en su personalidad y en su forma de pensar. 

Comienza Soles negros con un Arturo Andrade que regresa a su tierra natal, a los campos extremeños donde ha sido encontrado el cadáver semi enterrado de una niña ataviada únicamente con un camisón. El hallazgo se produce en tierras de un duque y por obra de Facundo, el porquero. Personado en la escena del crimen, Andrade inspecciona el cadáver y observa que la niña presenta diminutos pinchazos en las yemas de los dedos y partículas blancas enredadas entre sus cabellos. La pequeña tiene el cuerpo lleno de golpes, moratones y arañazos y a pesar de lo que podamos pensar, no ha sido violada. Curiosamente nadie ha denunciado la desaparición de la niña y por tanto es complicado averiguar su identidad. Se desconoce si es un caso aislado o está vinculado con otros de similares características acaecidos en un pasado reciente. La investigación pasa por localizar a otra niña que encontraron vagando por los campos hace un año pero la pequeña, por motivos que no desvelaré, resulta de poco ayuda. 


El trasfondo de toda esta historia tiene que ver con las adopciones que se tramitan no siempre conforme a ley y que presentan múltiples irregularidades respaldadas por intereses económicos. Un jugoso negocio con el que se matan varios pájaros de un tiro pues los niños y niñas objeto de adopción son aquellos nacidos de sangre considerada nociva para la nación, hijos de republicanos encarcelados o muertos. Y es necesario aclarar en este punto, que la trama se desarrolla en la España de los años 40 cuando, tras una guerra civil, los bosques de este país estaban llenos de hombres huidos de la justicia que viven escondidos y temerosos de que sus familias sufran represalias. Así pues, la labor de Andrade será descubrir quién es la niña aparecida muerta y quién se esconde detrás de una red de adopciones ilegales y otros asuntos turbios en el que están involucrados un importante elenco de personajes de diferentes estatus social.

Y alternándose con la investigación de Andrade, otro hilo narrativo, una historia contada en cursiva y que corresponde a un relato en primera persona, el de otra niña del que desconocemos su identidad. Ella será la encargada de ir desgranando la otra cara de la moneda, desmadejando detalles que nos harán entender dónde está, de dónde procede y lo que le está ocurriendo. Me ha parecido muy interesante esta parte de la historia. Creo que el autor consigue involucrarnos mucho más en el argumento al permitirnos conocer la versión de las víctimas. 

En cuanto a los personajes, al margen de esa niña que nos habla en primera persona, destaca de entre todos ellos el protagonista principal Arturo Andrade que se presenta ante el lector como un hombre atormentado y castigado por su pasado. Aunque en la novela no se hace un relato detallado de sus vivencias anteriores, sí podemos encontrar algunas pistas que nos desvele qué le ha ocurrido en las restantes novelas. Andrade ha pasado por la División Azul en Leningrado y también le tocó vivir la caída de Berlín. Importantes momentos de su vida le han dejado una profunda huella que, en las páginas iniciales, prácticamente le hacen sucumbir.

Junto a él, Manolete, su compañero de batallas, su mano derecha que tampoco lo ha tenido fácil en su vida pero a diferencia de Andrade ha conseguido dejar sus fantasmas del pasado atrás. Si bien Andrade me produce un profundo respeto y seriedad, Manolete constituye la parte más risueña, por decirlo de algún modo, en esta pareja. Es un personaje que cae bien nada más conocerlo, por su humildad y su sencillez.

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